“En el octavo mes del año segundo de Darío, vino palabra de Jehová al profeta Zacarías hijo de Berequías, hijo de Iddo, diciendo: se enojó Jehová en gran manera contra vuestros padres. Diles, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos”. (Zacarías 1:3).
Mes octavo correspondiente a octubre-noviembre, 520 a.C., ministerio profético iniciado por Zacarías poco antes de que concluyera el del otro profeta Hageo, quien profetizó desde el 29 de agosto al 18 de diciembre de ese año (Hageo 1:1; 2:10,20)
Dios le recuerda a su pueblo el juicio que vino sobre sus padres en el año 586 a.C., en la derrota que Nabucodonosor infligió al rey Sedequías que desembocó en la destrucción total de la ciudad y del templo seguida de la deportación de muchos judíos a Babilonia. V. 4, “No seáis como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros males caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron ni me escucharon, dice Jehová”.
Zacarías nació en el cautiverio en Babilonia, nombre que significa “El Señor recordó” o “de quien Jehová tiene memoria”, uno de los profetas postexílicos y contemporáneo de Hageo, muy joven al regresar a Jerusalén en 538 a. C. (2:4). Ciro, el rey persa derrotó a Babilonia en 539, expidió un edicto por el cual los cautivos podían retornar a su tierra natal.
Aproximadamente el número de los cautivos judíos muy pobres ascendía a cincuenta mil bajo la dirección de Zorobabel y de Josué. Junto con Hageo fueron de los primeros en la tarea de reconstruir el templo (Esdras 6:14), a pesar de la apatía del pueblo por la oposición de sus vecinos samaritanos quienes consiguieron una orden del rey persa para detener sus labores. Inició su labor profética dos meses después que Hageo había completado el suyo (520-518 a. C.), y alentó al pueblo a proseguir en la tarea emprendida, obra paralizada por casi doce años. Combatió la desidia del pueblo, la desesperación ante las presiones del enemigo y al desaliento por lo insignificante de los cimientos del templo.
Hijo de Berequías y nieto de Iddo, descendiente de una de las familias sacerdotales de la tribu de Leví, profeta mesiánico del Antiguo Testamento con referencias verificables respecto a la venida del Mesías. Las profecías contentivas del libro que lleva su nombre fueron redactadas entre el 520 y 475 a. C.
Los dos profetas urgieron al pueblo a regresar al Señor a más del propósito restaurador del arruinado templo. No obstante, Zacarías alentó al pueblo de Dios con el anuncio de que el Mesías reinará desde el templo restaurado, en una ciudad restaurada.
Impresiona la interrogante que plantea Dios: “Vuestros padres, ¿dónde están? Y los profetas, ¿han de vivir para siempre? Los llamados por Dios para que proclamen su mensaje a aquella generación murieron, mas, la palabra del Señor no pereció con ellos, sino que tuvo su cumplimiento como lo registra el versículo 6: “Pero mis palabras y mis ordenanzas que mandé a mis siervos los profetas, ¿no alcanzaron a vuestros padres? Por eso volvieron ellos y dijeron: Como Jehová de los ejércitos pensó tratarnos conforme a nuestros caminos, y conforme a nuestras obras, así lo hizo con nosotros”.
Enseñanzas:
- El libro de Zacarías comienza con un enérgico mensaje del Señor convocando al pueblo a arrepentirse y a retornar a su Dios. El profeta no transmite el suyo, sino que comunica fielmente el que Dios le ha dado. Llama al pueblo a salir de su letargo, a arrepentirse de su errado caminar y a concluir la tarea pendiente. “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros” es el mensaje de parte de Jehová de los ejércitos (1:3. Isaías 31:6; Malaquías 3:6).
- Previamente, el profeta advierte: “Se enojó Jehová en gran manera contra vuestros padres” (v. 2). Otras versiones dicen: “El Señor está ardiendo en ira contra los antepasados de ustedes” (NVI, Nueva Versión Internacional), para indicar que el cautiverio babilónico responde a que sus antepasados rompieron el pacto que Dios había acordado con ellos provocándole a ira. A ello obedeció que el Señor permitiera a los babilonios la destrucción del templo de Jerusalén en el año 586 a.C., y llevaran muchos cautivos. La exhortación al pueblo a volverse a Dios estaba encaminada a evitar un nuevo castigo, vital para la supervivencia de los desobedientes. No debemos descuidar que el amantísimo Dios como Persona posee emociones entre ellas la ira. Ira santa sí, pero ira.
- El capítulo 7:13, dice: “Y aconteció que, así como él clamó, y no escucharon, también ellos clamaron, y yo no escuché, dice Jehová de los ejércitos” con relación a volverse a Dios para que Él se vuelva a nosotros, tema del retorno al Señor característico también de los profetas Oseas y Jeremías. Pero ¿Qué hicieron o dejaron de hacer los ancestros de este pueblo rebelde? La respuesta en el verso 4: “No seáis como vuestros padres, a los cuales clamaron los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos y de vuestras malas obras; y no atendieron, ni me escucharon, dice Jehová de los ejércitos”.
- Volverse o retornar a Dios goza del ofrecimiento de recibir bendiciones en lugar de maldiciones. “Por tanto, así ha dicho Jehová: Yo me he vuelto a Jerusalén con misericordia; en ella será edificada mi casa, dice Jehová de los ejércitos, y la plomada será tendida sobre Jerusalén” (v. 16). Volver con misericordia es la respuesta al arrepentimiento del pueblo. El Dios celestial nuevamente tendrá compasión como siempre la ha tenido de Jerusalén. Tender la plomada o el cordel de medir simboliza la restauración del pueblo. (Ver Jeremías 31:38-40).
- ¿Cuáles fueron los profetas de antaño referidos en el verso 4? Isaías 45:22. Dice: “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más”; Jeremías 18:11: “Conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejore sus caminos y sus obras”, y Ezequiel 33:11: “Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos ¿Por qué moriréis, oh casa de Israel? El propio Zacarías en 7:7,12; Jeremías 25:4-5; 35:15.
- Las palabras y las ordenanzas del Señor, que mandó a sus siervos las profetas contenidas en el verso 6, ¿no se cumplieron o alcanzaron a los padres? contradiría lo dicho escrituralmente por Él en cuanto su palabra siempre se cumple, permanece para siempre como en Isaías 40:8, o en 55:11, que la palaba que sale de su boca no volverá a Dios vacía, sino que hará lo que Él quiera, y será prosperada en aquello para lo que envió.
- Por eso se volvieron ellos al Señor, y dijeron: Como Jehová de los ejércitos pensó tratarnos conforme a nuestros caminos, y conforme a nuestras obras, así lo hizo. Referencia a algo que posiblemente acaeció en cierto número de israelitas del preexilio o en sus descendientes durante la época inmediatamente posterior al exilio. (cf. Esdras 9; 10:1-17; Daniel 9:1-19). Reconocieron que el castigo fue merecido ante la desobediencia a la ley de dios, y se arrepintieron de toda su maldad.
- El llamamiento para arrepentirse está planteado por el Señor y Dios como de ordinario en el Antiguo Testamento a través del verbo “shub”, volver, correspondiente al griego “metanoeín” del Nuevo Testamento, cuya característica es ser activo, operativo, dinámico: “Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros”.
- He ahí una maravillosa y sabia decisión que todos debemos tomar. Retornar a Dios para que Él, a su vez, retorne a cada uno de nosotros, volver a esas sendas antiguas de las cuales no debemos apartarnos, tampoco alejarnos, así podremos ver con claridad y escuchar lo que tenga que decirnos en las decisiones a tomar, y no escuchar con nuestros oídos por no estar adecuadamente abiertos, sin poder avanzar por las cadenas que hemos puesto a nuestros pies o por haber permitido que el enemigo las ponga también. Las cadenas en los pies son para los esclavos, esclavos del desorden, esclavos de la desobediencia, esclavos de sí mismos.
