El Señor Jesucristo dijo en Juan 14:16, 26:” Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.
Previo al cumplimiento de la promesa de enviar al Espíritu Santo, en el versículo 15, dice: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. Seguidamente, “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador…”. Jesús dejaría a sus discípulos para sentarse a la derecha del Padre, aunque seguiría con ellos mediante el Santo Espíritu que vendría luego de su partida y los guiaría. El poder regenerador de esta Persona maravillosa vino sobre ellos antes de la ascensión de Cristo al cielo (20:20), derramado sobre los creyentes en Pentecostés (Hechos 2).
Es la gran promesa del Nuevo Testamento dada la condición en que se hallaban los discípulos, tristes (16:6), preocupados y en necesidad urgente de un Consolador. Este Consolador es la presencia misma de Dios en nosotros y en todos los creyentes que nos asiste para vivir como Él anhela y a edificar su Iglesia en la tierra.
¿Por qué el glorioso Jesús llamó el otro Consolador al Espíritu Santo? En consideración a que en su ministerio terrenal Él había llevado mucho consuelo y consejo a los necesitados de su presencia, de su poder, de su compañía, de sus prodigios y portentos, de su obrar, de sus milagros, de su amor, cariño y afectos. Por consiguiente, Consolador combina las ideas de consuelo y consejo como Persona poderosa que está de nuestra parte, obrando por nosotros y con nosotros. En otras palabras, además de Jesús, el “otro” Consolador.
Consolador es un término jurídico que se traduce como “abogado”, en sentido más amplio -lato sensu-, “Ayudador”, que estará siempre al lado del pueblo del Señor. La palabra original “Parákletos” significa literalmente “uno que es llamado para que venga al lado”, o ayude en situación de apremio, bien sea para instruir, consolar, amonestar, traer a la memoria, iluminando los ojos y el corazón (no la Palabra misma, pues esta tiene su propia luz. (Ver Salmo 19:105; 2 Pedro 1:19), ayudándonos en nuestros sufrimientos, testimonios, oraciones y demás. Este vocablo griego es citado cinco veces en el Nuevo Testamento, Evangelio de Juan (capítulos 14:16, 15:26; 16:7); la otra, en 1 Juan 2:1, aplicable a Jesucristo de “abogado junto al Padre”; es decir, el creyente dispone de dos abogados: uno junto al Padre para defendernos del acusador nuestro, el diablo (Apocalipsis 12:10. Comp. con Zacarías 3:1); el otro, a nuestro lado para defendernos de todo mal que nos asedie o nos estorbe (1 Juan 3:24 b; 4:4 b; probabilidad tanto mayor por el uso de la preposición” en”, en comparación con Juan 14:18, como por la contraposición “al que está en el mundo”, comparable con 12:31).
En su permanencia terrenal Jesucristo hablaba a favor de sus discípulos al Padre, empero, al marcharse, el otro Consolador o el Espíritu Santo, no únicamente hablará a favor de ellos (Romanos 8:27), también en ellos (Marcos 13:11). Por lo cual, la causa defendida por el Abogado alcanzará el éxito deseado, no puede fracasar. Al decir “otro”, dicho está, Jesús había sido ese Consolador hasta ahora, y en adelante, lo sería el Espíritu Santo prometido o “Vicario de Cristo en la tierra”, quien “hace las veces” de Cristo.
Enseñanzas:
- Otro, alude, además, a alguien que está junto a uno, otro de la misma clase. “Allos”; Strong #243. Se refiere también a similitudes, pone de manifiesto diversidad de funciones y ministerios. Jesús da el uso de allos para relacionar a otro Consolador equivalente a “uno junto a mí, aunque exactamente igual a mí, que en mi ausencia hará lo que yo haría si estuviera físicamente presente con ustedes”. La venida del Espíritu Santo de Dios dará continuidad a lo que Jesús hizo y enseñó.
- Claro está que el Dador de esa hermosa e inmensa bendición es el Padre: “Yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador”. Esta Persona divina y majestuosa nos dio a su Hijo como Salvador (3:16; Romanos 8:32; Gálatas 4:4-6), nos dio también por Consolador al Espíritu Santo. ¿En qué forma? Por intercesión del Señor Jesús: “Yo rogaré al Padre”. Rogar del griego aiteo, pedir en forma de súplica en boca de Cristo sino “erotao “, pedir como quien demanda con autoridad.
- El verbo –“erotao”- se emplea una sola vez en el Nuevo Testamento en relación con las peticiones que los creyentes elevan a Dios (1 Juan 15:16), contexto que explica suficientemente bien el uso de esta excepción. Al decir el apóstol “Yo rogaré al Padre”, no da a entender que el Padre no esté inclinado a concedernos ese Don, pues, el privilegio del Espíritu Santo eterno a los creyentes es fruto de la mediación de Cristo. ¿Pará qué? ¿Cuál el propósito? “para que esté con vosotros para siempre” (v. 16 b).
- El gran regalo del Espíritu Santo de verdad “es para siempre”, esto es, nunca estará ausente, nunca faltará a ningún creyente por toda la vida, tampoco carecerá a la Iglesia en la presente dispensación, a pesar de estar separados en el tiempo y en el espacio, ya que, el Espíritu de Jehová, Dios como el Padre y el Hijo es inmenso, puede hallarse en todos y cada uno de los creyentes a la vez, y es eterno y nunca habrá un tiempo en haber cesado su permanencia en ellos.
- Además, Jesús a este Consolador le llamó “el Espíritu de verdad, al cual …vosotros le conocéis” (v. 17). Llevará a cabo su obra de una forma y con un método espiritual. De verdad, no solo por ser la Verdad sustancial, al ser Dios como el Padre vivo y verdadero (1 Tesalonicenses 1:9), y como el Hijo (v. 6), sino porque Él es el encargado de guiarnos a toda la verdad (16:13), esencialmente con todas las verdades inherentes con la obra redentora de Cristo (Romanos 8:9; 1 Pedro 1:11), que es la Verdad (v. 6). Nos encaminará a la verdad por sí mismo (1 Juan 2:20,27), también por medio de los ministros fieles de Cristo (1 Corintios 4:1-2).
- Varias enseñanzas se encuentran en las palabras del Señor Jesucristo respecto a las verdades del Espíritu Santo: estará con nosotros para siempre (14:16); el mundo en general no puede recibirlo (14:17); mora con nosotros y está en nosotros (14:17); nos enseña (14:26); nos recuerda las palabras de Jesús (14:26; 15:26); nos convence de pecado, nos muestra la justicia de Dios y anuncia que Dios juzgará la maldad (16:8); nos guía a la verdad y nos comunica las cosas que vendrán (16:13); glorifica a Cristo (16:14). El Espíritu Santo se ha mantenido en acción entre las personas desde el principio de los tiempos. Luego de Pentecostés (Hechos 2) vino a habitar entre los creyentes.
- Cuotidianamente decimos: Señor, todo es tuyo, todo te pertenece; nada es nuestro. Al expresar estas palabras nos compromete seriamente con el Señor dueño del oro y la plata (Hageo 23:8-10); dueño de la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan” (Salmo 24:1). De ser así, y así es, debemos comenzar urgentemente a cuidar el templo de su Santo Espíritu, porque es de Él. Su legítimo propietario.
- Una tarea pendiente en el pueblo del Señor es buscar asiduamente, constantemente, continuamente, persistentemente, a cada instante a Aquél que nos guiará como el mayor Tesoro en esta tierra, como si de esa búsqueda dependieran nuestras vidas, como si de esa búsqueda dependiera volver a respirar nuevamente, como si de eso dependiera volver a beber agua pura o llevar un alimento a las bocas. Buscarlo permanentemente porque él nos guiará a toda verdad, por lo que hará por cada uno de nosotros, no de parte nuestra porque ya todo está listo en el Reino de Dios. En su reino está todo: sanidad, propiedades, títulos, esposas, esposos, hijos, riquezas. Todo lo que el hombre necesita para la corta vida terrenal. No podemos desperdiciar el tiempo o perderlo. Hay urgencia en cumplir con la tarea impuesta.
