La voz de mi lloro

El Diccionario de la Lengua Española define al lloro como la acción de llorar, y llorar es derramar lágrimas. Expresión de una queja por una pena o necesidad, generalmente para despertar compasión o alcanzar un fin propuesto. Por tanto, el lloro está asociado a la acción de verter lágrimas. Este verbo intransitivo es usado regularmente por el humano. El llanto, como sustantivo masculino, también se vincula al derramamiento de lágrimas en señal de dolor, tristeza, alegría o necesidad, o de fluir lágrimas de los ojos. 

El lloro, a más de la acción de llorar, se liga al lagrimeo, al derramamiento continuado de lágrimas, incluido gemidos, quejidos, lamentos, sollozos. En igual sentido, lloriqueo, llorera, gimoteo. El llanto, incluye tipos de queja o berrinches, incluso derramamiento de lágrimas, gemidos, quejidos, lamentos, sollozos.

El primero es verbo en acción, el otro, sustantivo. Como verbo, a más de ser conjugable se enlaza con la persona y el tiempo. Ejemplo: yo (Juan) lloro, tu (María) lloras, ambos conjugados en tiempo presente. El sustantivo -llanto- es palabra que designa a este referente específico y puntual. En el caso, Juan y María se lamentan por la ausencia de Lidia con llantos, quejidos y lamentos.

A los dos, lloro y llanto se los encasilla como sinónimos.

En las Sagradas Escrituras ubicamos una cita con el título de esta enseñanza: La voz de mi lloro. Salmo 6: 8. “Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad; Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro”. En sentido similar el Salmo 28:6. Bendito sea Jehová, Que oyó la voz de mis ruegos”. En Esdras 3:13: “Y no podía distinguir el pueblo el clamor de los gritos de alegría, de la voz del lloro; porque clamaba el pueblo con gran júbilo, y se oía el ruido hasta de lejos”. Isaías 65:19. “Y me alegraré con Jerusalén, y me gozaré con mi pueblo; y nunca más se oirán en ella voz de lloro”.

Salmo 56:8: “Mis huidas tú has contado; Pon mis lágrimas en una redoma”. Significa que el Dios todopoderoso no solo ha contado las huidas de David, también coloca sus lágrimas en un recipiente escogido, en una redoma. Antiguamente este receptáculo pequeño estaba provisto de un cierre utilizado para guardar aceite, perfumes ungüentos (2 Reyes 9:1). 

Del hebrero “pak”, frasco. Samuel usó este envase al ungir a Saúl como primer rey de Israel (1 Samuel 10:1), y lo mismo uno de los hijos de los profetas al ungir a Jehú (2 Reyes 9:1,3). Posiblemente las jarras de cuello estrecho encontradas en sitios pertenecientes a la edad de hierro se las hayan conocido como pak, pero el vocablo fakos de la LXX (Septuaginta), en forma de lenteja, sugiere un frasco lenticular con dos asas.

El Señor anota todo como en Éxodo 32:32, “y si no, ráeme del libro que tú has escrito”, confirmada en Lucas 10:20. La Nueva Versión Internacional -NVI- consigna: “Toma en cuenta mis lamentos; registra mi llanto en tu libro, ¿Acaso no lo tienes anotado? 

Lo hermoso de la porción del salmista -6:8-, es que el Dios trino, jamás deja caer al suelo las lágrimas de sus hijos, pues, las recoge en una redoma, y allí las tiene. Solo Él conoce e interpreta la voz de esos lloros, de esos lamentos, de esos ruegos. 

Enseñanzas:

  • En oriente se manifestaba con gran alarde el dolor y el duelo. Los israelitas mostraban públicamente su desolación al abstenerse de ornamentos y el descuido en el vestido (Éxodo 33:4; 2 Samuel 14:2; 19:24; Mateo 6:16-18). Como expresión de duelo se rasgaban la túnica al nivel del cuello, sus ropajes y mantos (Levítico 10:6; 2 Samuel 13:31; Joel 2:13). 2 Reyes 20:3, registra:” Y lloró Ezequías con gran lloro” (Isaías 38:3). Ester 4:3, “tenían los judíos gran luto, ayuno, lloro …”; Job 16:16. “Mi rostro está inflamado con el lloro”; Salmo 30:5. “Por la noche durará el lloro, Y a la mañana vendrá alegría”, entre otros.
  • La Biblia recoge en varios fragmentos la palabra llanto. La primera en forma de verbo es Génesis 21:16, de Ismael: “el muchacho alzó su voz y lloró”. El llanto por José el hijo de Jacob fue muy grande (50:11); el llanto de Jeremías motivado por los pecados de su pueblo y por los juicios que caerían sobre la nación y Jerusalén (Jeremías 9:1; 13:7; Lamentaciones 1:2, 16). El Señor Jesús lloró sobre Jerusalén (Lucas 19:41), y por la muerte de Lázaro (Juan 11:35), demostrativo de sus sentimientos muy profundos a la ciudad y a sus amigos.
  • El llanto también fue la parte de los primeros cristianos (Hechos 8:2; 9:39; 20:37; 21:30; Romanos 12:15; 1 Corintios 7:30; 2 Corintios 7:7; 12:21; Filipenses 3:18). Luego de un espantoso periodo de juicio “los moradores de la tierra” derramarían su llanto por la Babilonia destruida (Apocalipsis 18:9, 11, 15, 19). En la venida del Señor Jesucristo, los impíos serán lanzados a las tinieblas de afuera, donde “será llanto y crujir de dientes” (Lucas 13:18), en total soledad y tormento, excluidos de su presencia (2 Tesalonicenses 1:9). Para los redimidos, eliminado para siempre el pecado con todas sus consecuencias mediante la obra de Cristo en la cruz, advendrá el día en que “enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apocalipsis 21:14).
  • El lloro es la expresión del dolor profundo y de la miseria que han entrado en el mundo por el pecado del hombre, y del Señor Jesús proféticamente está escrito que “en toda angustia de ellos él fue angustiado…” (Isaías 63:9). David autor del Salmo 6:6-8, dice: “Me he consumido a fuerza de gemir; Todas las noches inundo de llanto mi lecho, Riego mi cama con mis lágrimas. Mis ojos están gastados de sufrir; Se han envejecido a causa de todos mis angustiadores. Apartaos de mí, todos los hacedores de iniquidad, Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro”.
  • Inspirado o iluminado por el Espíritu Santo eterno, el rey de Israel vacía su corazón con lágrimas al sincerarse con su Dios, a fuerza de gemir, de llorar, de implorar se ha consumido interna y externamente, pues, su lecho está inundado de llanto, su cama regada con lágrimas, sus ojos gastados de sufrir, y envejecidos a causa de todos sus angustiadores, hacedores de maldad, cual buitres alrededor de una presa herida para regocijarse de las calamidades por las que atraviesa e intentar tomar ventaja de la debilidad; y éstos sean apartados definitivamente, “Porque Jehová ha oído la voz de mi lloro”. 
  • En palabras celestiales: el lloro de los hijos de Dios tiene voz que solamente es entendida e interpretada por el amoroso Señor. Por nadie más, a menos que en su misericordia, bondad y amor considere entregar el sentido de este o de su equivalente a algún escogido. Significa que, al llorar, Él traduce lo que queremos expresar a través del lloro. Hay un lenguaje divino, maravilloso, único que exponemos con lágrimas. 
  • En el Salmo 56, Mictam de David (himno o poema grabado posiblemente sobre una tabla, llamado “Salmo de oro”, estimado como joya preciosa) en el verso 8, anota: “Mis huidas tú has contado; pon mis lágrimas en una redoma”. (recipiente de vidrio u otro material, ancho en su fondo que se estrecha hacia la boca, a manera de jarroncillo). Del hebrero “nod”, “nodá”, bolsa de piel o cuero, para fluidos. Odre, redoma, vasija, cuero. Igualmente, “pak”, frasco, redoma.
  • Seguro estoy que el Señor Jesucristo tiene en sus almacenes celestiales redomas contentivas de lágrimas, convencido por la porción del Salmo anterior -56:8, en cuanto no solo ha contados las huidas del autor, y que sus lágrimas sean puestas en una redoma, en un recipiente.
  • Esta, una de las dichas -entre tantas- inefables, gloriosas, maravillosas que tenemos todos los hijos de Dios, seguidores de Jesucristo. Nadie más. He ahí la gracia del Señor Jesucristo, su amor, su bondad inmerecida que nos envuelve.