Dios es Dios de aumento, de multiplicación

Luce como sencilla operación aritmética, sumar, aumentar, multiplicar. En la esfera espiritual no aparece así. Lo veremos luego. La primera es rama de la segunda, la más antigua y elemental. El objeto de su estudio son los números y las operaciones que con ellos se realizan. Comprende operaciones básicas: adición (suma), resta, multiplicación y división. La matemática abarca más áreas, trata con teorías. La aritmética es la teoría de números, fracción mínima pero importante de la matemática, ciencia que estudia las propiedades de los números y las relaciones en ellas establecidas.

Aumentar consiste en hacer mayor la cantidad, la intensidad, la calidad, el valor de una cosa. Sus equivalentes son sumar, añadir, adicionar, agregar, acrecentar, agrandar. Multiplicar, incrementar la cantidad o el número de algo. Operación aritmética consistente en sumar un número (multiplicando) tantas veces como indica otro número (multiplicador). Nos adelantamos un poco: Jesús es el Multiplicador con base a cierto número. Tal el caso de los cinco panes y los dos pescados en Mateo 1413-21; Juan 6:1-14.  

En el Antiguo Testamento, Deuteronomio 8:11-13; el Dios sempiterno ordena poner por obra todo mandamiento por Él prescrito, para que vivan y sean multiplicados. “Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites; y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente”.

Una de las exigencias del Señor es no olvidarnos de Él, cumplir con sus preceptos santos y únicos, no acreditarnos la prosperidad que nos provee, desconociéndolo y elevando nuestro orgullo al pensar que es nuestro trabajo continuo e inteligente como factor multiplicador por el aumento de bienes. Dios es quien nos da todo lo que poseemos, y tan solo ocupamos el encargo único de administradores, de mayordomos. En el opuesto, advierte: “Si no cuidares de poner por obra todas las palabras de esta ley que están escritas en este libro, temiendo este nombre glorioso y temible: JEHOVÁ TU DIOS, entonces Jehová aumentará maravillosamente tus plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, y enfermedades malignas y duraderas”. (Deuteronomio 28:58-59).

Dios, nuestro Señor es Dios de aumento, de multiplicación para el bienestar de sus hijos; también de aumento para mal a los desobedientes de sus prescripciones. Esa operación no se circunscribe solamente a la adición de cosas materiales, va más allá, añade sucesión, estirpe. “Y yo tomé a vuestro padre Abraham del otro lado del río, y lo traje por toda la tierra de Canaán, y aumenté su descendencia, y le di Isaac” (Josué 24:3). Aumenta las heridas (Job 9:17), el furor (10:17), la fuerza (17:9; 92:10), las maravillas (Salmo 40:15), la grandeza (71:21), las bendiciones (115:14), los días (Proverbios 10:27), la gente y la alegría (Isaías 9:3), el pueblo (26:15), la ciencia (Daniel 12:4), la profecía (Oseas 12:10), multiplica nuestra sementera y aumenta los frutos de nuestra justicia (2 corintios 9:10). 

Enseñanzas:

  • Nos acongojamos en reiteradas ocasiones al observar las finanzas del hogar mermar, los gastos aumentar, los egresos subir. Trazamos números y más números para pretender equilibrar los unos y los otros. Los gastos superan a los ingresos. No entendemos. Achacamos el desfinanciamiento a la mala, pésima o deficiente administración de los recursos dinerarios. Ajustes, fijación de límites en los gastos. Las cuentas no cuadran. Es aritmética terrenal.
  • En el área espiritual, Dios es el proveedor, Jehová Jireh (Génesis 22:8,14). Sin embargo, a cada uno de nosotros nos toca hacer lo que nos corresponde: orar, trabajar, gestionar, esforzarse, ser valientes en lo que emprendemos, no desmayar, seguir adelante. Lo importante de lo anotado: poner por obra todo lo prescrito por el Dios celestial para tener una vida agradable a sus ojos y ser multiplicados por su generosidad.
  • Debemos cuidar atentamente no marginarnos del Señor, no olvidarlo, cumplir con sus mandamientos, sus disposiciones que Él nos ordena diariamente; no obstante, arregla mesa para sus hijos, nos permite edificar buenas casas para habitarlas o nos aposada, aumenta las propiedades e incluye vehículos, todo lo que poseemos aumenta, aunque el corazón empieza a ensoberbecerse, cunde el orgullo, la autosuficiencia, prontamente nos olvidamos de ese amoroso Dios y Señor y, a todo trance, intentamos retornar al Egipto espiritual, a casa de servidumbre.
  • Para el humano lo que egresamos por manutención, salud, medicinas, escolaridad, vestido, calzado, útiles de hogar y otros valores lo imputamos como gasto, aun anhelar adquirir un vehículo para esparcimiento familiar, miramos las cuotas a cancelar, el costo del enganche como gasto, empero, para el Dios divino, es inversión. Claro, invertimos tiempo y recursos, reunir a la familia, compartir fraternalmente, dejar recuerdos, vivencias es el deseo de Jehová.
  • Aparentemente para nosotros las cifras pueden disminuir, pero Jehová es el Dios que multiplica y aumenta sobrenaturalmente, y multiplica en otras áreas. Invertimos en el área física y Él lo vuelve espiritual como con los diezmos, con las ofrendas. Las inversiones bajo su dirección son multiplicadas sorprendentemente, las sobreabunda. Lo entendemos desde la perspectiva del Soberano, no de la nuestra.
  • Citamos los diezmos y las ofrendas encaminadas a devolver a Jehová tan solo la décima parte o más de lo que nos entrega a fin de que haya alimento en nuestras casas, abre las ventanas de los cielos, derrama bendiciones hasta que sobre y abunde, reprende por nosotros al devorador, no destruye los frutos de la tierra, ni la vid en el campo será estéril, afirma el bondadoso Señor en respuesta a nuestra obediencia. Y todas las naciones nos dirán bienaventurados porque seremos tierra deseable. (Malaquías 3:8-12).
  • Tanta gente está incapacitada por su propia pobreza, causada por el desconocimiento, por su desobediencia a la Palabra sagrada. (Oseas 4:6)