El ayuno nace y se hace en el corazón, se manifiesta y refleja en el cuerpo, en la voluntad del hombre

En palabras sencillas, el ayuno es poner orden en los apetitos desenfrenados, en los deseos, poner límites a la carne. Un alto a uno mismo en apetencias, en ansias. Vientres disciplinados. 

Ayunar es privarse de comer algo por cierto tiempo, sin ingerir alimentos, bebidas o ambas cosas. Pasar tiempo sin ingesta de nada, o estar privado de aspectos positivos, como algún placer, cualidad, saber o principios.

En la esfera bíblica, este ejercicio espiritual consiste en abstenerse de comidas, o pasar un periodo sin comer ni beber, y no simplemente privarse de ciertos alimentos (Ester 4:16). La Ley de Moisés conoce un solo día de ayuno en el día de expiación (Levítico 16:29; 23:27-32). Luego del exilio hubo cada año cuatro ayunos nacionales (Zacarías 8:19) conmemorativos a la caída de Judá, aunque personas aisladas también observaron voluntariamente ciertos ayunos (Ver Números 30:14-16). Otros ejemplos son los ayunos de Moisés (Éxodo 34.28), de Elías (1 Reyes 19:8), y de David (2 Samuel 12:15-23). Al término del destierro babilónico se difundió la costumbre de algunos fariseos al ayunar cada lunes y jueves (Lucas 18:12). Ana lo realizaba frecuentemente (Lucas 2:37).

El Texto Sagrado registra ayunos de tres, siete días, tres semanas, y cuarenta días, con motivos varios: la muerte de un ser amado, por conmemorar catástrofes nacionales; y para implorar la ayuda de Dios, discernimiento o perdón.

El Señor Jesús, ayunó cuarenta días al ser tentado en el desierto. Sin embargo, en esa ocasión no se trataba necesariamente de ayuno voluntario. La primera tentación indica la inexistencia de alimentos en el lugar elegido durante esas semanas de preparación para el ministerio (Mateo 4:1-4). En su enseñanza daba por hecho que sus oyentes ayunarían, pero les enseñó que lo hicieran mirando a Dios y no a los hombres (Mateo 6:16-18), y no lo repudió ante las críticas a sus discípulos por no practicarlo como los discípulos de Juan el Bautista o a la manera de los fariseos (Mateo 9:14-17; Marcos 2:18-22; Lucas 5:33-39), si destacó, con su alegría la escena matrimonial “mientras el esposo estuviera con ellos” que ayunarían más adelante como los demás, y subrayó esta figura en el nuevo contexto escatológico del ayuno (de escatología, conjunto de creencias religiosas sobre “últimas realidades”).

En Hechos los líderes de la iglesia ayunan al elegir a los misioneros (13:2-3) y ancianos (14:23). El apóstol Pablo practicaba el ayuno individualmente (Hechos 9:9; 2 Corintios 6:5; 11:27). Aparentemente en el primer pasaje se da a entender un ayuno voluntario, a modo de autodisciplina; en el segundo se menciona tanto el involuntario, “hambre” como el voluntario, sin alimento. La iglesia lo hacía colectivamente para tratar asuntos espirituales importantes (Hechos 13:3; 14:23); sin embargo, por importante que esta práctica sea, es imprescindible advertir determinados formalismos o el orgullo que puede engendrar su práctica (Zacarías 7:5; Mateo 6:16). 

La presencia de varias citas bíblicas respecto al ayuno, inclinan la creciente creencia de la iglesia primitiva en valorar significativamente el ayuno.

Enseñanzas:

  • Los hebreos ayunaban el día de la expiación; luego del exilio se observaban cuatro ayunos anuales, todos ellos, según el Talmud (código civil y religioso, cuya obra recoge principalmente las discusiones rabínicas sobre leyes judías, tradiciones, costumbre, narraciones y dichos, parábolas, historias y leyendas) marcaban desastres en la historia del pueblo judío. Otros ayunos: ocasionales, individuales o corporativos.
  • El ayuno también era expresión de dolor y penitencia, manera en que los hombres podían humillarse; en otras ocasiones se consideraba un castigo autoimpuesto (como la frase “afligir el alma”). A menudo el objeto de esta práctica espiritual era asegurar la guía y ayuda de Dios, aunque algunos pensaron que automáticamente permitía al hombre ser escuchado por Él (Isaías 58:3-4). Contra estas consideraciones los profetas declararon que sin una conducta recta el ayuno era en vano (Isaías 58:5-13; Jeremías 14:11-12; Zacarías 7).
  • En la cita de Isaías 58:1-5, se acusa a Israel de otra rebelión al haber corrompido el culto divino, particularmente la práctica del ayuno. Israel adoraba y sacrificaba regularmente, pero sus obras negaban sus creencias. Su ostentosa austeridad constituía realmente una manifestación de egoísmo e ignoraban las auténticas necesidades de la gente. Los días de ayuno se convirtieron en “contiendas y debates” (v. 4).
  • Los hipócritas se quejan ahora (v. 3) de que Dios no hace caso de tantos actos religiosos con que le obsequian: “Por qué, dicen, ayunamos y no hiciste caso; humillamos nuestras almas, y no te diste por enterado”. Transitaban por el camino de Caín al resentirse de que el buen Dios no aceptaba sus sacrificios. Resaltaban sus ayunos y sus penitencias, como en el día de la Expiación, a la manera del fariseo de la parábola de Lucas 18:12, al jactarse de ayunar dos veces semanalmente, en el entendido de dar más a Dios de lo que Él demandaba.
  • La razón genuina por la que el Señor no aceptaba esos ayunos tampoco respondía a sus oraciones que ofrecían en las festividades, radicaba en no hacerlo correctamente: “He aquí que en el día de vuestro alguno buscáis vuestro propio gusto, y oprimís a todos vuestros trabajadores”. Ayunaban, sí, pero no como los ninivitas (Jonás 3:8) “convirtiéndose cada uno de su mal camino”. Explotadores, codiciosos e inmisericordes, contenciosos, despectivos. Aparentaban escudriñar los pecados más provocativos a Dios y, con esa excusa, acusaban falsamente a personas inocentes, como ocurrió con Nabot el día del ayuno de Jezabel (1 Reyes 21:12).
  • El ayuno verdadero, que agrada a Dios y escogido por Él, no es “afligir el alma por un día”, sino incluyente, por toda la vida. Exige: a) Portarse correctamente con quienes nos portamos de manera impropia al “desatar las cadenas de maldad”, las ataduras impuestas injustamente a otras personas; b) Soltar las cargas de opresión, que sea desenganchado el encarcelado por deudas al no tener recursos para cancelarlas, terminar con la vejación a quienes nos rodean; c) dejar libres a los quebrantados, doloridos, afectados. El Señor Jesús vino a libertar a los cautivos (Lucas 4:18). No cabe en nuestras vidas “esclavizar” a nadie; d) Romper todo yugo para que no vuelvan a avasallar. Necesitamos genuina compasión con los pobres, indefensos y oprimidos.
  • Es indispensable, además, compartir el pan con el hambriento, albergar en casa a los pobres errantes, cubrir al desnudo y no escondernos del hermano necesitado. Haciendo todo esto, la luz nacerá como el alba, y nuestra salvación prontamente se dejará ver; e irá nuestra justicia delante de cada uno. La justicia de Jehová será nuestra retaguardia. Invocaremos y nos oirá el Dios santo; clamaremos y nos responderá: Heme aquí, si retiramos de en medio nuestro el yugo, el dedo amenazador, y el hablar vanidad.
  • El ayuno que agrada a Dios, en verdad, se hace en el corazón, nace en el corazón, y se manifiesta y se refleja en el cuerpo, en la voluntad, y se necesita disciplina y orden en todo este ejercicio.