El corazón humano siempre esta inclinado a algo o alguien

Corazón, del griego kardia. Término que se emplea con referencia a la parte central de las cosas (Deuteronomio 4:11; Jonás 2:3; Mateo 12:40); en tanto, la raíz de la palabra en hebreo, que es oscura, acaso signifique centro.

No hablamos en este texto del órgano físico. En el otro sentido, el espiritual que es lo que nos atañe, encamina al hombre interior; pues, los hebreos consideraban la experiencia subjetiva por sobre la observación objetiva y científica. Se trataba básicamente del hombre completo, con todos sus atributos, físicos, intelectuales y psicológicos, y el corazón se concebía como el centro que lo gobernaba todo. Igual, el carácter, la personalidad, la voluntad, la mente, términos modernos que reflejan algo del significado del término “corazón”.

Proverbios (4:23) dice: “Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón”. Salomón advierte del cuidado que debemos tener con los afectos y desafectos. Guardar el corazón nos mantendrá en la senda buena y correcta. Aquí la referencia es al corazón espiritual.

(APUNTE: Salomón, de haber aplicado y seguido para su vida este consejo, se hubiese beneficiado sobremanera)

En el Nuevo Testamento (NT) el uso del término “corazón” es semejante. C. Ryder Smith, (citado en el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza), escribe acerca del mismo en estos términos: “(El corazón) no pierde enteramente su referencia física, porque es de “carne” (2 Corintios 3:3), pero es el asiento de la voluntad (por ej. Marcos 3:5), del intelecto (por ej. Lucas 24:32). Esto significa que “corazón” se acerca más que otros, entre los términos del NT, al significado de “persona”.

El autor citado, agrega: “el principal mandamiento probablemente significa “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, es decir, con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas (por ej. Marcos 12:30-33).”

Enseñanzas:

  • El corazón del hombre siempre está pegado a algo, inclinado a algo o a alguien; constantemente busca un lugar donde estar seguro, donde acomodarse, aunque esa seguridad sea pasajera o falsa.
  • El corazón del hombre no siempre obra conforme a lo que las Sagradas Escrituras demandan: amar a Dios con todo el corazón, alma, mente y fuerzas; sin embargo, no es lo que debiera ser, como en Génesis 6:5; Jeremías 17:9. El punto culminante es entender que ese corazón necesita un cambio radical atento al anhelo del Señor, a lo proclamado en Jeremías 24:7; Ezequiel 11:19; y lo alcanza en Efesios 3:17.
  • Hay personas excepcionales cuyo corazón está bien con Dios. Así: 1 Reyes 15:14; Salmo 37:31; Hechos 13:22. En este último episodio, acerca de David, en sentido absoluto no es verdad, por cuanto, indispensable es el arrepentimiento y la conversión, como en el caso del rey Josías.
  • La actitud adecuada del corazón y agradable a Dios, comienza al quebrantarse (Salmo 51:17), como símbolo de humildad y penitencia, y sinónimo de “espíritu quebrantado”, porque se trata de un corazón duro o de piedra no sujeto a la voluntad de Dios (Ezequiel 11:19). Es el corazón “engrosado” o “incircunciso” que no responde a la voluntad del Señor.
  • Es el Señor el conocedor de cada corazón, al no dejarse engañar por las apariencias externas, como en 1 Samuel 16:7. Mas, una oración digna es pedirle examine y conozca ese corazón (Salmo 139:23), y lo limpie (Salmo 51:10). Entonces, “un corazón nuevo” ha de ser el anhelo del malo (Ezequiel 18:31), y significa que la ley de Dios no será algo externo sino “escrito en el corazón”, y algo que lo purifica (Jeremías 31:33).  
  • Son los puros de corazón los que verán a Dios, acorde a Mateo 5:8; y, al morar Cristo en el corazón por la fe; eh allí que los santos comprenderán el amor del Dios celestial. (Efesios 3:17)