El pueblo de Dios duerme, Su iglesia duerme

Del Señor Jesús hemos recibido consejo tras consejo, mas no lo consideramos, posiblemente porque nos hemos acomodado, caído en la pereza, en el ocio; tal vez por estimar que ya todo ha sido hecho, que la misión está cumplida, no queremos esforzarnos y ser valientes, o porque el mundo y su sistema nos ha atrapado, y así, razones vienen explicaciones van. En Lucas 9:62, lo expuso preciosamente: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios”. 

En el campo observamos a los agricultores ejercer una de las labores importantes en el manejo de la tierra. Previo a la siembra, el agricultor abre los surcos con la yunta (pareja de bueyes uncidos con el yugo, éste, instrumento alargado de madera con dos arcos acomodados al cuello de las bestias que sujeta al timón de un arado, permitiendo que tiren de ellos y dirija su movimiento) a fin de remover y ablandar la tierra, actividad que acarrea un alineamiento de esos surcos para lograr mejor filtración y corrida del agua que redundará en beneficio de las plantas, granos, tubérculos o semillas a sembrar. No debe mirar atrás porque el agricultor junto a la yunta debe caminar en línea recta sobre el suelo en correcta dirección a los surcos, no podrá mantener la línea recta e ir adelante sin mirar atrás, descuidará el trazo planteado, y “saldrá de la línea”.  Aquí es necesario recordar lo que los dos varones o dos ángeles dijeron a Lot: “Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte no sea que perezcas”.  “Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal” (Génesis 19:17). Los afectos de la mujer de Lot pertenecían a Sodoma mas no a Jehová. Es muy importante considerar la advertencia del Señor tanto al poner la mano en el arado cuanto, en las cosas pasadas cargadas de recuerdos, muchas veces insulsos, insustanciales.

En Ecuador, mi país, los campesinos llaman al surco huacho (sistema precolombino de labranza reducida y cobertura aplicable al cultivo de papa u otros productos).

La metáfora (figura retórica) empleada por el Maestro enseña que el reino de los cielos para sus seguidores radica en mantener la mirada fija en las líneas maestras por Él trazadas, las manos en el arado, en los objetivos previstos, abandonar la vida anterior de pecado, errores, equivocaciones, y avanzar “olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento en Cristo Jesús”, (Filipenses 3:13-14, 26).

El arado es un instrumento agrícola conformado por una o más piezas de hierro terminadas en punta que sirve para remover la tierra y tirado por animales o mecánicamente.

Aquellas expresiones del Rabí enrumban a una verdad: servir a la causa de Dios demanda completa obediencia sin desviarse del trazo o línea correctos, caso contrario, no es apto para su reino. Un cuasi discípulo no será utilizado de modo óptimo (ver 1 Corintios 3:12-15).

El pueblo del Señor ya no vela, no ora (¿No habéis podido velar conmigo una hora? ¿No habéis podido velar conmigo una hora? ¿No habéis podido velar conmigo una hora? Mateo 26 :40), ha ingresado en el activismo religioso (método empleado por los activistas para impulsar cambios de sus causas), sino está como Marta, la hermana de Lázaro y María, en el afán, como lanzadera de telar, o duerme, se refocila – regodea- de sus logros, y arrastra a la iglesia a dormitar.

Jesús dijo, en verdad: “Muchos son llamados y pocos los escogidos” (Mateo 22:14). Éstos han cumplido con todos los requisitos, expresión en sentido técnico de la elección eterna de algunos entre muchos que el Altísimo convoca a varios, pero su número se reduce a pocos, escogidos de su pueblo. (Ref. Romanos 1:6; 8:28,30; 1 Corintios 1: 2, 24, 26; Gálatas 5:13; Efesios 1: 18; 1 Tesalonicenses 2:12; 4:7; 2 Tesalonicenses 2:14; 1 Pedro 5:10; Apocalipsis 19:9, entre otros). Escogidos, similares a 1 Samuel 1:5: “Pero a Ana daba una parte escogida -Elcana-; porque amaba a Ana “.

Muchos, ciertísimamente son a los que el Señor llama, los escogidos muy escasos, y, éstos van con Él y acuden, y comparten con Él, y oran y claman a Él; en tanto, otros prefieren acomodarse, vacacionar, dormir o cuidar sus “reinitos”. Los discípulos fueron con Jesús, pero no permanecieron con Él. No todos obedecieron a su pedido: una hora dicha por tres ocasiones. 

Enseñanzas:

  • De los doce discípulos, solo tres, Pedro, Santiago (Jacobo) y Juan, acudieron con Jesús a Getsemaní (molino de aceite), a quienes dijo: “… quedaos aquí, y velad conmigo” (Mateo 26:37-38), aunque al llegar allí manifestó a todos ellos, “Sentaos aquí, entretanto que voy allí y oro” (v. 36), mas al hallarlos durmiendo, dijo a Pedro “¿no habéis podido velar conmigo una hora? No le acompañaron en la oración al Padre, pues, agregó: “mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo” (v. 38). Velar del griego grhgoreúo, mantenerse despierto, vigilar, velar, vigilante.
  • Velar es, en suma, dejar o abstenerse de dormir durante la noche, estar alerta. El salmo 127: 1 b, anota: “Si Jehová no guardare la ciudad, En vano vela la guardia”. Podemos construir casas hermosas, contratar guardias o centinelas que guarden la ciudad, actividades sin importancia o interés a menos que Dios esté involucrado en ellas porque Él si guarda la ciudad, en tanto, la guardia vela vanamente.
  • El Maestro entendía plenamente el hecho de velar. Sentado en el monte de los Olivos mandó a sus discípulos: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habrá de venir, velaría y no dejaría minar su casa”. (Mateo 24:42-44). En otras palabras, no permanezcan indiferentes, descuidados porque su Señor aparecerá súbitamente, unos serán tomados para recibirle en lo alto, otros serán dejados. Por consiguiente, manténganse vigilantes (en vela) y preparados “porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis”.
  • “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir” (Mateo 25:13). El advenimiento glorioso de Jesucristo al final de los tiempos (parusía, su regreso) ordena estar preparados y vigilantes porque no sabemos el día ni la hora en que lo hará. Eh aquí lo importante de la disposición del Señor: “Y tardándose el esposo, cabecearon todas y se durmieron” (v. 5); y a la medianoche se oyó un clamor: ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!”, y las diez vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Solo ingresaron las cinco prudentes, las insensatas no.
  • Al no poder mantenernos vigilantes, en vela, presa seremos del sueño, sucumbiremos, nos pareceremos a las cinco vírgenes insensatas qué tomaron sus lámparas, mas no aceite consigo (v. 3), a diferencia de las prudentes qué si tomaron aceite en sus vasijas, también en sus lámparas. La sabiduría de las cinco vírgenes consistió en haber guardado aceite en esos dos recipientes y prepararse para la inesperada demora del esposo, el Señor Jesús, quien nos enseña a estar preparados para su regreso. Los impreparados no podrán participar de las bodas. Será demasiado tarde. Dirán: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respondiendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco” (vv. 11-12).
  • La invitación está planteada. Velar y orar junto al Señor bondadoso “por lo menos una hora”. No cabecee y duerma. Manténgase en vigilia, despierto. La Parusía o el retorno del Señor Jesús retarda (24:48; 25:5). Preparémonos y permanezcamos en guardia porque no sabemos ni el día ni la hora.