Es común escuchar en el pueblo múltiples expresiones alusivas al secreto; v.gr. (del latín verbi gratia o “por ejemplo”) una amiga (o) dice a otra (o): “te cuento un secreto”; “quieres escuchar un secreto”, “tengo un secreto que decirte”. Por tanto, el secreto se refiere a lo ignorado u oculto (escondido, que no se da a conocer ni se deja ver ni sentir), a lo reservado cuidadosamente o con sigilo.
El AntiguoTestamento es muy pródigo en el empleo de esta palabra, secreto. En Deuteronomio 13: 6. “Si te incitare tu hermano, hijo de tu madre, o tu hijo, tu hija, tu mujer o tu amigo íntimo, diciendo en secreto: Vamos y sirvamos a dioses ajenos, que tu ni tus padres conocisteis.”. Jueces 3:19. “Mas el se volvió de los ídolos que están en Gilgal, y dijo: Rey, una palabra secreta tengo que decirte…” En Isaías 45:19: “No hablé en secreto, en un lugar oscuro de la tierra…” En 48: 16. “Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en secreto”. Jeremías 13: 17. “Mas si oyereis esto en secreto, llorará mi alma a causa de vuestra soberbia…” Hacia adelante, en 38:16. “Y juró el rey Sedequias en secreto a Jeremías, diciendo: Vive Jehová que nos hizo esta alma…”.
En estas referencias bíblicas como se puntualizó en el acápite inicial, la expresión en secreto se asimila a cuidadoso, sigiloso, reservado, o cuidadosamente, sigilosamente, reservadamente; en oculto.
Juan 18:20, recoge las palabras que el Señor Jesús respondió al sumo sacerdote: “Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto”; esto es, que no se deja ver, oír o sentir.
Para lo que nos convoca hoy. El secreto está en lo secreto. En Mateo 6:6. “Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”.
Contrariamente a lo que ciertas personas, especialmente los líderes religiosos de la época del Señor querían ser vistos públicamente como “santos”, y la oración pública era el vehículo propicio para este cometido. Jesús enseñó que lo sustancial, la esencia de la oración no estribaba -aun hoy- en que decir, tampoco en el como o donde, sino en la comunión con Dios.
El espacio para un genuino orante es en secreto, en oculto; reservadamente, sin que nadie le vea o escuche si ese enlace con el Todopoderoso es muy personal; sigilosa, calladamente. De allí la expresión: “entra en tu aposento (habitación, estancia, cuarto, alcoba, sala, cámara, morada…), y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto”, esto es, “a solas”, “en solitud”. Únicamente los dos: el Dios sempiterno y tú.
Una revelación: Cerrar la puerta no se circunscribe exclusivamente a la física, a la de madera que permite la privacidad entre una habitación y otra; también a “la puerta del corazón” (del corazón espiritual) en la forma señalada en Proverbios 4:23. “Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón…”. Este corazón, debe permanecer cerrado, sellado, clausurado a toda influencia externa en tanto estoy en oración con el Creador. Que nada ni nadie perturbe ese dulce momento de comunicación.
El corazón espiritual, esencialmente eres tú, el “Yo” puro que contempla íntimamente las emociones, pensamientos, sensaciones de todo el universo. Para entender mejor, la conciencia envía un mensaje de si algo está bien o mal, en tanto, el corazón nos impulsa a elegir lo mejor, lo que conviene. Por ello, el corazón espiritual ligado íntimamente con Dios siempre seleccionará el bien sobre el mal, lo puro sobre lo impuro, la santidad y no el pecado.
¿Cuál la retribución a esta actitud de ingresar a la habitación, cerrar la puerta y orar al Padre silente (silencioso) que “está en secreto”, que nos mira también “en secreto”? ¡nos recompensará públicamente! ante los demás.
Enseñanzas:
- Usted extraerá de estas breves reflexiones las mejores enseñanzas para su vida.
- La palabra de Dios es muy coherente, guarda armonía en todo su canon. En el primer Libro de Reyes en torno al aparecimiento del Señor a Elías: “Él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí que Jehová pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes; y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto; Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado”.
- Elías identificaba plenamente el susurro, ese murmullito suave, gentil y cariñoso de la voz de Dios. ¿En qué momento? Al permanecer en silencio con el Señor, con la puerta cerrada, con el corazón espiritual sellado a cualquier influencia externa, marginado de toda actividad, del afán, de la bulla y, en el silencio, la solitud, escuchar la voz amorosa y cálida del buen Señor.
- Practíquelo permanentemente y usted tendrá comunicación fluida con su Hacedor.
