El Señor, Tejedor de nuestras vidas

Los vivientes tenemos curiosidades sobre uno o varios temas. Al recorrer pueblos, caseríos, cantones o zonas geográficas tradicionales en el tejido de colchas, prendas de vestir como suéteres, bufandas, gorros, observamos con fruición (complacencia, gozo en general) las manos diligentes y hábiles de las personas dedicadas a esta labor: tejer y tejer. No solo en esos espacios geográficos, también en los hogares.

Las conocemos como tejedores (as), personas dedicadas a tejer cual es su oficio. En esa actividad se entrelazan hilos para formar una prenda de vestir. Su atenta dedicación en formarla atrapa al artífice o artesano quien no debe descuidar la trama del hilo para, mediante el uso de agujetas, crochet, palillos, agujas de lana formar su pieza.

Es hermoso contemplarlas. En un pequeño cesto se halla la lana en forma de bola; en el interior hay varias y de muchos colores, texturas, de diámetro diferente. En las dos manos sostiene las agujetas si es la herramienta escogida, en medio de ellas pasa el hilo o lana y con suaves movimientos forma parte de lo que constituirá la prenda diseñada de antemano.

En vida de mi madre observaba detenidamente este proceso. Poco a poco tomaba forma dicha prenda. Regularmente lo hacía para vestir a su descendencia. Con el crochet trabajaba en cubrecamas, adornos para la sala como manteles, para veladores.

Lo precioso y maravilloso de esta forma de laborar recuerda que nuestro Padre es excelente Tejedor de nuestras vidas. Teje nuestros días, teje nuestras horas de forma perfecta, armoniosa, pausada, a su tiempo, a su momento. Sin equívoco alguno afirmo que el Dios de toda gracia es nuestro GRAN TEJEDOR CELESTIAL, DIVINO.

En las Sagradas Escrituras encontramos bellos pasajes referidos al arte para la construcción del tabernáculo a más de dotarles de sabiduría, inteligencia, en ciencia y comunicado a Moisés por el Señor Jehová para ejecutar trabajos en oro, en plata y en bronce para el altar, los vestidos sacerdotales como el efod, el pectoral.

En el ámbito humano, Job describe a su Creador como Tejedor. En 10:11, dice “Me vestiste de piel y carne, Y me tejiste con huesos y nervios”. Hay también otro tejedor del mal, el diablo y Satanás como en el escenario en que Dalila increpó a Sansón a descubrir el origen de su descomunal fuerza, y la manera a ser atado. En respuesta señaló: “Si tejieres siete guedejas de mi cabeza con tela y las asegurares con la estaca” (Jueces 16:13), o el relato en 2 Reyes 23:7 en que el rey Josías “Además derribó los lugares de prostitución idolátrica que estaban en la casa de Jehová, en los cuales tejían las mujeres tiendas para Asera”.

Enseñanzas:

  • El estudio diario y la meditación en la Biblia nos permitirá distinguir lo que es de Dios y lo que no es. El discernimiento es importante.
  • La sabiduría, el conocimiento y el entendimiento lo alcanzaremos en la medida en que nos adentremos más y más en deleitarnos en el Texto Sagrado, amén de convertirlo en nuestra bandera de victoria sobre las tinieblas, sobre el diablo y Satanás.
  • Al observar que el hilo conductor para alcanzar el tejido óptimo contiene un nudo o interrumpe su continuidad, es indispensable detenernos, amarrarlo, hacer un nudo y avanzar; caso contrario, perderá “el hilo”.
  • Considerar siempre a nuestro Señor y Dios como el gran Tejedor de vidas, de días, de horas, de momentos agradables y gozosos.
  • Nos corresponde a cada uno examinar, averiguar en que áreas de nuestras vidas este Tejedor divino forma prendas útiles y expeditas para Su servicio.
  • Tenga la seguridad que paulatinamente he descubierto en que forma he recibido ese tejido celestial de parte del amantísimo TEJEDOR. Ayuda y grandemente a saber que Él día a día lo hace con amor, cariño, gracia, bondad y afecto sinigual.