Esaú no valoró la herencia

Llamamos herencia al conjunto de bienes, derechos y obligaciones que se heredan de una persona luego de su deceso. Acto jurídico que permite la transmisión de estos en favor de otra u otras personas llamadas herederos. El derecho a heredar por esa persona lo alcanza por ley o por testamento.

En vida, el causante adquirió bienes muebles, inmuebles, vehículos, títulos crediticios, un acervo de propiedades de diversa índole. Ese patrimonio logrado durante años de vida constituye el caudal que corresponde a quien lo forma y a su descendencia.

Bíblicamente ese bien o bienes son transferidos a los familiares cercanos después de la muerte del poseedor, mediante herencia establecida por la ley o costumbre. Los libros de Números y Deuteronomio desarrollan la noción de herencia como anticipo a la distribución de terrenos en la tierra Prometida sin dejar de conservar lo necesario para la familia a fin de que viva independiente y dignamente. Tierra que pertenece a la familia más bien que al individuo, y puede ser hipotecada mas no enajenada (Números 36:6-9).

Conforme a la ley de la herencia, el hijo mayor recibía doble porción por el derecho de primogenitura, sin descuidar los derechos de los otros hijos e hijas y más parientes que se los consideraba para esos fines (Números 27:1-11), aunque toda la tierra es herencia del Señor (Levítico 25:23; cp. Isaías 14:2) quien le ha regalado a su pueblo (Salmo 44:1-3).

Esaú, “velludo”, porque era “todo velludo como una pelliza” o hecho de pieles (Génesis 25:25). Hijo mayor de Isaac y Rebeca, gemelo de Jacob, llamado también Edom o “rojo” por haber comprado el guiso rojo de Jacob (25:30), hombre de campo, adiestrado en la caza, predilecto hijo de su padre (25:27-28). Pero la supremacía de su hermano menor fue predicha por Dios antes de su nacimiento (25:23).

Hombre débil de carácter por haber vendido su primogenitura y, así, perdió la bendición de su padre. Al retornar cansado del campo, vendió la primogenitura a Jacob por un potaje, sacrificando los privilegios y derechos que le correspondían como hijo mayor (25:27-34), para, posteriormente, engañar sutilmente a su anciano padre. Supremacía visible de Jacob sobre Esaú, anunciada ya y aun antes, y confirmada más tarde inconscientemente por su padre, finalmente así quedó establecida, además, airado e insatisfecho resolvió matar a Jacob. Éste huyó (27:1-46). Veinte años más tarde se reconcilió con su hermano al retornar de Padan-Aram junto con su familia.

Esta duplicidad ocasionada por Jacob, progenitor de los israelitas, trajo consecuencias desafortunadas como la profunda enemistad dominante en las relaciones de Israel con Edom, de quien Esaú era antepasado, antagonismo que se ilustra en el Antiguo Testamento entre israelitas y edomitas (Números 20:18-21; 1 Reyes 11:14 ss; Salmo 137:7).

Enseñanzas:

  • Las referencias bíblicas anotadas en la vida de Esaú son muy importantes, radican en la significación teológica que se concede a su rechazo a pesar del derecho a la sucesión que era suya en virtud de la primogenitura repudiada tontamente. La explicación bíblica es que el Señor aborreció a Esaú y amó a Jacob (Malaquías 1:2-3; Romanos 9:13).
  • Esaú simboliza a los que Dios no ha elegido; Jacob tipifica a los que Dios ha seleccionado, elección que no estaba en diferenciar la vida y carácter de Esaú y Jacob ya que éste fue elegido antes que él y su hermano hubiesen nacido. Tampoco el “odio” y el “amor” de Dios constituían fundamento para la elección divina debido a que ello dependería del capricho o el antojo.
  • Dios ha ejercido su voluntad soberana en libre determinación de su gracia electiva, propósito moral del cual Él mismo fue el único originador. En Hebreos Esaú simboliza a los que abandonan su esperanza de gloria por amor a las cosas que se ven y, en modo alguno, eternas (12:16-17).
  • La historia de Esaú enseña que los pecados, errores y equivocaciones a veces acarrean consecuencias a largo plazo, sin que, el arrepentimiento y el perdón eliminen las consecuencias del pecado. Por ello es indispensable evaluar los efectos en ese periodo por nuestras decisiones y acciones.
  • La vida de Esaú sirve de advertencia solemne a todo aquel que renuncie a las bendiciones espirituales permanentes por gratificar la carne con placeres fugaces, temporales. Tomada la decisión acertada, ha menester actuar conforme a ella. No es posible revertir los resultados, y las bendiciones que pudieron haberse recibido se pierden para siempre.
  • La ley de Israel contenía varias disposiciones en torno al primogénito en medio de una sociedad tolerante de la poligamia, y había que diferenciar entre el primogénito del padre como “principio de vigor” (Génesis 49:3; Deuteronomio 21:17) y el primogénito de la madre, es decir, el hijo varón que abría el seno materno (Éxodo 13:2), posición privilegiada respecto a otros hermanos reales o posibles.
  • Jesús fue el primogénito de su madre (protótokos, Lucas 2:7; cp. Mateo 1:25), pero no se le llama primogénito del Padre celestial (Juan 3:16). Cristo es el primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8:29), tiene autoridad sobre todos los hombres, y es el primogénito de entre los muertos (Colosenses 1:18), es el primero en quien se ha cumplido la promesa de resurrección. El primogénito de toda creación (Colosenses 1:15), tiene autoridad sobre todo lo creado, sin que el mismo haya sido creado.
  • A los creyentes en Cristo se les llama también primogénitos (Hebreos 12:23), por ser los más privilegiados entre los hombres.
  • Esaú no valoró, en modo alguno, la herencia, no le dio el valor que tenía, no le importaba y, verdaderamente, Jacob hizo lo que hizo para obtener la herencia, la bendición. La pregunta es: ¿Cómo Dios dará su herencia a aquellos que no les interesa o la pueden cambiar por cosas insignificantes lo que para Él es muy valioso? La respuesta la tenemos todos los hijos verdaderos del Padre Dios.