Jesús es el presente, no el pasado

En el pasado está el pasado. Jesús es el presente, no el pasado. 

Debemos siempre vivir el hoy, el presente, en todo momento, en todo espacio, en toda circunstancia, cobijados por el buen Señor y Dios. 

Aquel es el periodo de tiempo anterior al presente, tiempo que pasó, que transcurrió y de las cosas que en él sucedieron. El presente, tiempo en que actualmente está una persona en relación con su entorno, con la comunidad, con su familia, con sus amigos y parientes, con una cosa, o que está delante o en presencia de uno, o concurre con él en el mismo sitio.

Job dijo en 30:15: “Mi prosperidad pasó como nube”, el presente le era muy incierto. Algunos acusamos similares expresiones: mi vida pasó fugazmente, la juventud me dejó, pasó raudamente, y, el hoy, les preocupa grandemente. Salomón en Eclesiastés 7:10, aconsejó: “Nunca digas: ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueron mejores que estos? Porque nunca de esto preguntarás con sabiduría”. Los “buenos días de antaño” radican en el mero recuerdo; en parte reales, en parte imaginarios. Los días de hogaño junto al Señor Jesús, la familia, los amigos, inmejorables, reales, verdaderos, únicos.

En el Nuevo Testamento (Hechos 14:16) se habla de “edades pasadas” en las que el Señor Jesús dejó a todas las gentes andar en sus propios caminos. En 17:30, “Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”. La expresión anterior no significa que Dios soltase las riendas a los paganos para que hiciesen lo que mejor les parecía, pues disponían de la luz de la ciencia (Romanos 1:19-20), de la conciencia (Romanos 2: 14-15) y de la providencia (v. 17).

Pablo, en Hechos 26:4-5 refiere a su vida “desde mi juventud, la cual desde el principio pasé en mi nación, en Jerusalén, viví fariseo”. Es el pasado del apóstol.  El presente, hermoso, seguro, firme en Jesús: “Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres soy llamado a juicio. Por esta esperanza, soy acusado por los judíos”. Prosigue que, ocupado en esto iba camino a Damasco, vio una luz del cielo que sobrepasaba el resplandor del sol, rodeado por esta lumbrera junto con sus acompañantes, cayó en tierra y oyó la voz celestial que le dijo: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues”, sin ser rebelde a la visión divina, anunció el evangelio a los que estaban en esa ciudad, Jerusalén, y por toda la tierra de Judea.

La declaración ulterior de Pablo en 2 Corintios 5.17 nos ayuda a entender de mejor forma el pasado y el presente. “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. Nuevo, no usado, fresco, novedoso. Designado así en cuanto a la forma o calidad, en relación con el tiempo, concepto que implica neos

En Efesios 4:22 el apóstol se refiere a la pasada manera de vivir, y convoca a despojarnos del viejo o antiguo hombre, viciado conforme a los deseos engañosos. Nuevamente, el pasado en confrontación con el ahora. Viejo hombre vs. nuevo hombre contrastados en estilos de vida distintos, totalmente diferentes.

Pedro también aporta a esta declaración gloriosa: “Baste ya el tiempo pasado por haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías” (1 Pedro 4:3). Nuestras vidas han sido cambiadas radicalmente por el Señor Jesús, hemos recibido mofas, agravios y menosprecio de antiguas amistades; también rechazo por no participar ya en actividades ajenas al Evangelio, pues nuestras prioridades han cambiado y, actualmente, transitan en vías opuestas. Hay que resistir a ellas en el amoroso Dios.

Es el apóstol amado del Señor, que igualmente contribuye a esta enseñanza (1 Juan 2:17): “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”. Aquí la palabra mundo no se refiere a la creación física, sino a la esfera del mal dominada por Satanás. En 3:14. “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos.”;  finalmente, Apocalipsis 21:4 “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos, y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. 

Enseñanzas:

  • El pasado en verdad es pasado, pertenece al ayer que ha sucedido o existido.  Ya no está más entre nosotros. Sin embargo, hay personas que les gusta anclarse en ese ayer, en la nostalgia, a decir reiteradamente “que los tiempos pasados fueron mejores” a quejarse de los tiempos presentes, y pensar que en años pasados disfrutaron de mayor tranquilidad y bienestar.
  • Entonces, ¿Cuál es la causa de que los tiempos pasados fueran mejores que estos? La pregunta así planteada, según la Biblia, se formula con sabiduría humana. Si el Señor aconsejara en esta época, sin equívoco alguno, diría: “No vivan de las glorias pasadas”. 
  •  Isaías 43:17-18, dice: “No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva…”. Dios si trae a la memoria las grandes proezas que hizo a favor de sus antepasados al sacarlos de Egipto con todo el poder para ejecutarlas ¿cómo no hará cosa nueva? El versículo 19, aclara: He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a la luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”. 
  • Salomón en Eclesiastés 3:15, escribió. “Aquello que fue, ya es, y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó”. “¿Qué es lo que fue? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol” (1:9). “Respecto de lo que es, ya ha mucho que tiene nombre, y se sabe que es hombre y que no puede contender con Aquel que es más poderosos que él”. (6:10). Muy claro.
  • En Filipenses 3:13-14, Pablo señala: “Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante”. En el ámbito deportivo, un atleta no permite que nada ni nadie le aparte de la meta a alcanzar. La nuestra es conocer y entender a Cristo cada vez más, dejar de lado todo lo que nos perjudica y olvidarnos aun de las cosas buenas del pasado que podría distraernos y no ser esos hijos de Dios proactivos.
  • Olvidarnos de la culpa pasada y proyectarnos a lo que Él nos ayudará a ser. No estacionarnos en el pasado, si a lo que el Señor nos ofrece hoy, tomarlo y atesorarlo en nuestros corazones para gloria y honra de su nombre.
  • Recordar dos cánticos alusivos al tema. “Un Día a la Vez”, cuya estrofa tercera señala: “Ayer ya pasó mi Cristo, Mañana quizás no vendrá, Ayúdame hoy yo quiero vivir un día a la vez”. Otra, “Sopla en mi”. La primera estrofa, dice:” Ayer ya pasó, te necesito hoy, Espíritu Santo sopla en mi (bis).