Acatar, someterse o sujetarse a la voluntad del mandante, del precepto de una norma o disposición de la ley, de una orden, nos encausa a la obediencia.
El verbo hebreo traducido “obedecer”, literalmente traduce “escuchar a”, también “oír”, “oír bajo”; igual, “oír hacia” Estas dos últimas como en 1 Corintios 14:21, y Tito 3:1, expresan la noción de ceder a la persuasión y someterse a la autoridad.
La idea de obediencia que sugiere este vocabulario es la de un oír que se lleva bajo la autoridad o la influencia del que habla, y que conduce hacia el cumplimiento de lo que dicha autoridad requiere.
A una persona se le debe obediencia en tanto concurran breves exigencias, tales como:
- Tener el derecho de mandar (mandante)
- Dar a conocer lo que quiere que se haga.
- La obligación del hombre de obedecer a su Hacedor presupone:
- El Señorío de Dios.
- Su revelación.
El Antiguo Testamento habitualmente describe la obediencia a Dios como la obediencia (el oír) ya sea su voz o a sus mandamientos. La desobediencia se describe como el no oír la voz de Dios cuando habla. (Salmo 81:11; Jeremías 7:24-28)
Las Sagradas Escrituras registran la desobediencia de Adán el primer hombre representativo, y la perfecta obediencia de Jesucristo, constituyen hechos decisivos en el destino de la humanidad. La desobediencia del primero sumergió a aquella en la conciencia de la culpa, la condenación y la muerte (Romanos 5:19; 1 Corintios 15:22), la obediencia del Segundo “hasta la muerte” (Filipenses 2:8; cf. Hechos 5:8, 10:5-10) alcanzó justicia (aceptación para con Dios) y vida (comunión para con Dios) para todos los que en Él creen (Romanos 5:15-19)
La obediencia cristiana significa imitar a Dios en santidad (1 Pedro 1:15 s), y a Cristo en humildad y amor (Juan 13:14 s, 34 s; Filipenses 2:5 ss, Efesios 4:32-5-2). Nace de la gratitud por la gracia recibida (Romanos 12:1 s) no del deseo de alcanzar mérito y de justificarse uno mismo a la vista de Dios. No obstante, guardar la ley con tal motivo no constituye obediencia a Dios, sino lo opuesto según Romanos 9:31-10:3.
De existir conflicto, debemos estar dispuestos a desobedecer al hombre a fin de no desobedecer a Dios (cf. Hechos 5:29)
Enseñanzas:
- El caminar. Cuán importante es el caminar de los hijos verdaderos de Dios; cuán importante es la senda, la ruta que decidimos atravesar. Ir por el camino haciendo bienes es tener amor y compasión hacia el prójimo, el perdón, la paciencia.
- Llegar a la meta, no a nuestra manera, no por el camino que escogemos, la forma, tampoco bajo nuestros pensamientos sino a la manera de Cristo.
- La obediencia a los mandatos de Dios, a sus preceptos, sus estatutos, nos conducirá por el camino correcto y hacia el fin anhelado.
- Solo el corazón obediente, solo la obediencia nos llevará por el camino acertado.
- La obediencia Dios nos conducirá a disfrutar inmensamente de las bendiciones prometidas. Ellas nos alcanzarán. Hay que obedecerle en todo.
- Entre los beneficios de la obediencia a Dios es que nos constituye herederos de su Reino en Cristo Jesús.
- La obediencia comporta actitud responsable colaborativa en las interrelaciones, la buena y sana convivencia, también de tareas productivas. Tan solo demanda cumplimiento a sus normas, leyes, órdenes, reglas y comportamientos.
- La obediencia nos ayuda a prosperar y asemejarnos cada vez más a nuestro Padre celestial.
