La unidad en el Señor Jesús

La unidad se cimenta en JESÚS. Un solo Dios. Uno solo. Y el hombre al ser creado por Dios a su imagen y semejanza se funde en uno solo: espíritu, alma y cuerpo. En la UNIDAD está la bendición, la perfección, las promesas cumplidas. Mas, el hombre es separado y abre brechas entre él mismo, separado de su alma, en su cuerpo, en su espíritu. Emerge la pregunta: ¿Cómo puede recibir lo que el Señor tiene para él?  Tiene que volverse UNO, tiene que estar UNIDO, su ser tiene que estar unido. Así como el Padre, el Hijo y el Santo Espíritu trabajan en ARMONÍA, en unidad. Allí está el secreto, allí está la bendición, allí está el obrar perfecto y maravilloso. Igual, en la vida del hombre.

UNIDAD. “Y si el Hijo os libertare seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36). Pero ¿qué es ser verdaderamente libres? ¿Cómo nos liberta el Señor Jesús? ¿Verdaderamente libres de qué? ¿Acaso, solamente de una unión física? ¿De una unión en el espíritu? ¿De una unión en el cuerpo, en su alma, en sus pensamientos?

En UNIDAD debe separarse completamente. Si aquel hombre o aquella mujer quiere separarse sin perdonar al otro, así ore y quiera separarse no podrá porque tiene que haber esa unidad en todas las áreas. Principalmente el perdón. Y aquel que quiera separarse en cuerpo, alma o espíritu, primero habrá de perdonarlo, porque si no lo perdona, el Señor tampoco puede perdonarlo. Perdonar ese pecado. Tampoco intervendrá. Y puede orar, puede llorar, necesita primeramente perdonar y perdonarse. Desatarlo y desatarse. Solo y entonces será libre en su cuerpo, en su alma y en su espíritu; pues, debe haber UNIDAD en el perdón. No se puede perdonar en una parte, en tanto, la otra está atada; caso contrario, seguirá ese hombre o esa mujer atada por falta de perdón; por el resentimiento, por la amargura, por los recuerdos.

Nadie quiere estar atado, atado a recuerdos, al pasado. Claro que la oración es poderosa al existir perdón acorde al corazón que se acerca a Dios. Corazón dispuesto al perdón. Es necesario perdonar para que el Señor perdone. Él vino a perdonar pecados, a enseñar el perdón, antes de ir a la cruz. Enseñó el perdón en todo su caminar, en cada golpe que recibía, en cada agravio, en cada rechazo. Enseño el amor y el perdón.

Enseñanzas:

  • Necesario es el perdón; caso contrario, si permanece en nosotros, es un veneno destructivo, vivo. Es como tener una víbora adentro.
  • La falta de perdón mata, destruye, devora, lastima, hiere; carcome el alma, los huesos, el ser de aquel o aquella que le ha permitido habitar en sí.
  • Muchas enfermedades se manifiestan en el cuerpo de los humanos por la falta de perdón; y esas enfermedades devoran y matan.
  • Debe haber UNIDAD en cuanto al perdón. Espíritu, alma y cuerpo; y ser libre en cada una de estas áreas. Como se expuso: a fin de ser libre no se puede perdonar una parte en tanto la otra está atada.
  • El Señor Jesús, ante el pedido de enseñar a orar a sus discípulos, en el evangelio de Lucas 11:4, agregó: “Y perdónanos nuestros pecados, porque nosotros perdonamos a todos los que nos deben”.

En la parábola del deudor injusto de Mateo 18:35, expresó: “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas”.