A usted, a mí, a nosotros nos gusta las conversaciones, especialmente las sinceras, sanas, francas, que no haya atisbo de malicia, de egoísmo, de hipocresía, que deshonren familias, amigos, parientes, con buenas prácticas dialogales. Los temas pueden ser varios y disímiles; lo importante es charlar, platicar e intercambiar opiniones, novedades, noticias, con base a información que cada una de las personas posee.
Conversar entre dialogantes sobre uno o distintos temas con alternancia en los turnos para hablar comporta formas comunicacionales potestativas exclusivamente del ser humano, pues requiere el lenguaje oral con fines de socialización y así integrar a una o varias personas.
En la conversación se busca comunicar, trasladar una noticia, hechos, expresar sentimientos o aclarar conceptos y evitar errores. Es una práctica innata a los seres humanos; no obstante, es deseable a fin de mantener la plática sana, eludir la discusión. La conversación debe fluir espontáneamente, sin orden específico; en tanto, en la discusión a más de intercambiar puntos de vista, críticas y ponencias, se sujetan a debate que en el calor de ellas pueden subir de tono y desembocar en impensadas sátiras, burlas, vituperios.
Conversar, del latín “conversari”, vivir, dar vueltas, girar en compañía de… Por ello es frecuente escuchar, “la conversación giró en relación con…” Claro que hay una línea muy leve de separación entre conversación y diálogo, y radica en su estructura. El diálogo es más formal, ordenado; la conversación sin reglas o normas. Igual entre hablar y comunicar. La primera, transmite información, facultad que nos capacita hacerlo; la segunda, procura que el mensaje se entienda, produzca cierto impacto en el receptor, suscita emociones que mueven a la acción.
El diccionario de la RAE (Real Academia de la Lengua) dice que la conversación es la acción y efecto de hablar familiarmente una o varias personas con otra u otras. Conversar, hablar con otra u otras personas, hacer conversación.
Este tema no pretende introducir una manual breve de los niveles, consejos o intervinientes y otros principios que del tema surgen; sin embargo, didácticamente apuntemos elementos principales en la conversación: a) el emisor o persona que propone la charla, quien envía el mensaje; b) el receptor, quien recibe la información; c) el mensaje o tema a platicar; d) idioma, formas o maneras simbológicas con que se transmite el mensaje; e) canal, vehículo, lugar, espacio, entorno y contexto señalados para la charla.
En las Sagradas Escrituras, en el Nuevo Testamento hallamos una sola cita sobre conversación. En 1 Corintios 15:33: “Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. Conversación, del griego “ohmilía”, compañía, interacción, conversación. Observamos la concurrencia de cierta compañía para interactuar bajo la conversación en una reunión.
El Señor Jesús, a quien le llamaron Rabí (hab. rab o rabbí, equivalente a “mi maestro”). Título honorífico surgido en el siglo I a.C. derivado del verbo rabab, “ser grande”, aplicado a jefes o maestros. Los discípulos de Juan el Bautista (Jn. 3:26) así lo llamaron. Quizá la mejor traducción sea la de “maestro y señor”. (Juan 13:13; 5.5; 8:24). También Raboni, otra forma para el título de “rabí”. Forma más respetuosa de dirigirse a alguien, y significaba “mi (gran) maestro”. Se aplicó a Cristo en Marcos 10:51; y Juan 20:16, fue verdaderamente Maestro en todos los órdenes de la vida.
La Biblia en Mateo 5: 23, recoge parte de las actividades del Maestro de Galilea: 1) enseñaba en las sinagogas de ellos; 2) predicaba el evangelio del reino; 3) y sanaba toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Agreguemos una: 4) conversaba con sus discípulos, como en 18:28-35. Eh aquí el relato: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setena veces siete”, y así prosiguió en su conversación con Pedro. En el capítulo 19 al terminar Jesús estas palabras -del capítulo anterior-, se alejó de Galilea, fue a Judea, al otro lado del Jordán y acudieron a Él los fariseos para tentarle y preguntar sobre el repudio del hombre a su mujer por cualquier causa, cuya respuesta se detalla en los versículos 4-9. Seguidamente el consejo que ofreció al joven rico en los pasajes 16-22; respecto a la grandeza de servir: 20-28; en el capítulo 24 relacionado con la destrucción del templo 24:1-2; la señal de los tiempos y el fin del siglo 3-14.
Rasgo distinto del Rabí, son sus parábolas o narraciones breves y simbólicas que permitían alcanzar enseñanzas morales. Es otra manera de conversar con los discípulos.
Enseñanzas:
- La trascendencia de esta lección es acercarnos a conversar con el Señor Jesús para enriquecer el alma y el espíritu nuestros. De cada una de ellas podemos extraer no solo enseñanzas, sino la riqueza al meditar en cada una nutre nuestro ser. Una de las primeras, la tentación que padece por Satanás en Mateo 4:3-4: “Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. Él respondió y dijo: Escrito está: no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
- Aquí palabra, rhema, corresponde a lo que se dice o se habla, en contraposición con logos, como expresión de un pensamiento, un mensaje, un discurso. Logos es el mensaje; rhema es la comunicación del mensaje. Aplicado al Texto sagrado, logos designa la totalidad del mensaje; rhema un versículo Ilustrativo de lo dicho, por ejemplo, en Efesios 6:17, al hablar no de las Escrituras como un todo, sino de aquella porción que el creyente maneja como una espada en tiempos de necesidad.
- Enriquecedora la respuesta del Señor a Satanás: No solo de pan vivirá el hombre, esto es, la masa y el leudo horneado. Adicional a esto, es el pan vivo descendido del cielo que es Jesús, pues “el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”. (Juan 6:51), quien previamente afirmó:” Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre, y el que en mi cree, no tendrá sed jamás”. (Juan 6.35). Tres veces proclamó “Yo soy el pan de vida” (35, 48,51).
- Él es el verdadero pan celestial, el poder sustentador de la vida. Llevó el argumento un paso más allá que el sencillo reconocimiento esencial que Él es el Pan de Vida. Creer en Él significa participar de Él.
- Mantener conversaciones diarias con Jesús el Señor, permitirá enriquecernos más y más. Saldremos del raquitismo o desnutrición espiritual que lacera al pueblo de Dios, tornándonos en robustos, sólidos siervos del Altísimo. El ejemplo anterior del “pan de vida” lleva a entender en mejor manera el mundo espiritual y las palabras que en cada conversación imprimió el Maestro. Tomar sus palabras como verdadero pan venido del cielo que nos alimenta constantemente.
- Hágase a la idea de un bebé recién nacido que no recibe diariamente y cuando lo necesite la leche materna por lactancia, ya que su madre no tiene este elemento vital, acudirá posiblemente a fórmulas nutricionales o suplementos, sin que, en modo alguno, las supla eficazmente. Igual sucede con nosotros si no nos alimentamos del pan espiritual. Nuestro nivel de desnutrición espiritual será muy elevado. Padeceremos en uno y otro caso de desbalance alimentario.
- Las conversaciones permanentes, diarias con Jesús, enriquecen nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Pruébese a usted mismo. Si practica esta forma de charlar, de platicar sanamente con el Señor, su estatura y robustez espiritual serán notorias ante los demás que no lo hacen. ¡Comprométase! ¡Comprometámonos!
