En nuestro caminar, alguna vez recibimos ciertas invitaciones para visitar a determinada familia, a nuestros padres, hermanos, vecinos. Al llegar a ese hogar posiblemente hayamos quedado debajo del dintel de la puerta sin proseguir a su interior.
Pero ¿qué ocurre si nos quedamos en esa posición? No entramos tampoco salimos y no dejamos espacio para que otros entren o salgan de una sala, habitación o de cierto complejo destinado a vivienda. Algunos se sentirán incómodos, otros avergonzados por no acceder al interior o acaso para abandonar esa postura.
Aplicado al ámbito espiritual que nos compete, si llegamos a la iglesia, nadie querrá permanecer en su puerta; al contrario, se internará y buscará asiento para atender el servicio; y para escuchar al predicador o predicadora, intentará ocupar los primeros asientos, cercanos a él o ella. En la puerta, nadie escuchará o entenderá bien lo que desde el altar se predica, a lo mejor oiga lo que desde afuera se dice. Los que están en la puerta querrán mirar al fondo, tal vez al exterior. Es posible que haya comezón de oír de lo uno y de lo otro. Se convierte en doble ánimo.
Las ovejas del Señor todavía están en la puerta, indecisas, y junto a las ovejas hay pastores, ministros, y una gran mayoría permanecen ahí, en la puerta sin saber si cruzan e ingresan a buscar la presencia plena de Dios o si salen de allí y regresan atrás, al mundo como la mujer de Lot que se convirtió en estatua de sal (Génesis 19:26)
Pueblo de doble ánimo, pueblo de doble servicio, pueblo de un corazón dividido entre las riquezas que ofrece este mundo ruin y perverso, y Satanás mismo, y las riquezas celestiales; pastores que anhelan la fama, también quieren servir, que desean los primeros lugares al igual que la humildad.
Saben que lo que el mundo ofrece terminará con fuego, azufre, llanto y crujir de dientes (Lucas 13:28). Es la verdad de esas riquezas efímeras, volátiles que se consumirán con fuego y azufre en el infierno eterno.
El Señor Jesús en Juan 10:9, dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; Y entrará, y saldrá, y hallará pastos”. Es una invitación a todos a ingresar, a entrar, a no quedarse debajo del dintel de la puerta.
Es el tercer Yo soy pronunciado en este Capítulo, quien se presenta como la puerta de las ovejas. Entrar al redil a través de Jesús es una acción salvadora y provee a las ovejas vida abundante y grandes provisiones. Entrará y saldrá invita a no vacilar, a fluctuar entre estar en Cristo en determinado momento y afuera de Él en otro instante. No ser de doble ánimo. Escenario que ofrece seguridad y salvación como la puerta del redil para que las ovejas vayan y vengan diariamente.
¿Cuántos quieren pasar? Hay tanta indecisión, tibieza, la tibieza de un pueblo que no entra ni se va, tampoco deja entrar a quienes desean ingresar porque se ha vuelto piedra de tropiezo en la puerta, porque los que miran de afuera no saben a dónde mismo pertenecen.
Enseñanzas:
- ¿Dónde está usted amado, amada? ¿Dónde está tu pueblo, Señor? ¿Dónde están nuestros pies? ¿Dónde están nuestros corazones? Porque aquella mujer que con sus pies caminaba supuestamente hacia la salvación, su corazón estaba atrás, quedó atrás, corazón que se vuelve de piedra.
- Es mejor caminar en la dirección correcta al igual que el corazón junto con los pies. Y la motivación debe ser la adecuada.
- No dejemos que en el Señor haya lágrimas en Sus ojos por el pueblo tibio, por las multitudes tibias.
- Son los ladrones y salteadores que vienen a causar daño a las ovejas y perjuicio al dueño, pues, “no entran por la puerta”. No poseen la llave tampoco derecho legal para llegar a la verdadera entrada: la puerta; al contrario, “sube por otra parte”. No nos convirtamos en esta pléyade de pillastres.
- Somos parte del redil del Señor, verdadero Pastor y dueño del rebaño “entra por la puerta en el redil de las ovejas”, y llega allá para procurar su bienestar.
- Cristo es la puerta. Esta expresión utilizó para los judíos que se tenían por las ovejas de Dios, sus únicas ovejas, y a los fariseos, quienes se tenían así mismos por los únicos pastores de Israel. Jesús, aseveró: “Yo soy la puerta de las ovejas” (v. 7).
- Entremos siempre por la puerta que es Jesús, quien puso su vida por nosotros. Entramos en Su rebaño y somos guardados con toda seguridad en común unión con Dios.
- Por ello es necesario el entendimiento acompañado de conocimiento. Más el conocimiento sin entendimiento no conducirá a los propósitos cumplidos. (Ver Isaías 43:10)
