Partes del gozo del Señor

Hay múltiples maneras de alegrar el corazón amantísimo y bondadoso del Señor de los cielos al mirar que un servidor suyo, un Levita, un justo, le busca, le sirve; pero cuan mayor es ese gozo al ver que dos o más en un mismo sentir, en un mismo corazón le buscan incesantemente, le siguen. Contemplar que esos servidores se juntan, no se advierta competencia entre ellos, no busquen su propia fama, eleven Su santo nombre, se reúnan para lavar los pies de otros, servir a los demás. Allí, en estas y otras acciones alegraremos el corazón bondadoso y generoso del Señor. 

Añadir a lo dicho, corazones humildes, porque sólo éstos quieren trabajar juntos. Los altivos buscan su propio beneficio no el de los otros. Solo los humildes deponen sus propios intereses, sus nombres, lo que ellos piensan, miran el uno al otro y saben que son iguales, miran al otro y ven que es superior a él mismo (Filipenses 2:3), al decir, yo quiero aprender, yo anhelo alcanzar, tener lo que mi hermano ha alcanzado.

Es la humildad, la sencillez de corazón, al contrario de los autosuficientes que dicen, yo no necesito, yo ya conozco, es inferior porque yo tengo mayor educación, título universitario, él es solo bachiller. Ese orgullo separa al pueblo de Dios, mas Él busca la unidad, que nos juntemos todos los siervos porque eso es agradable al corazón del Creador. No trabaja solo. En su estancia terrenal, Jesús buscó discípulos para que permanezcan y trabajen junto a Él.

El Salmo 133:1 recoge lo que además le trae gozo: “! Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía”. Agradable y delicioso es ver a los hermanos alabar, servir juntos, y es olor fragante al reunirse en adoración porque de las bocas sale la Palabra de Dios, emana olor agradable al congregarse alrededor del Sempiterno. No el hecho de estar juntos quiere decir estar unánimes. Se puede estar juntos, pero no unánimes. En el lugar alto estaban UNÁNIMES, JUNTOS como en Hechos 2:44, 46. Allí, tan solo allí descendió el poder del Santo Espíritu y se manifestó en cada uno de ellos grandemente.

Unánimes, juntos es el anhelo del Señor de los cielos para su pueblo y no cada uno defendiendo su iglesia, su “reinito”, su territorio, su espacio. No afincarse en sus propios intereses. La iglesia es una sola, el Señor es uno solo, uno solo es Jehová de los Ejércitos, el Hacedor.

Enseñanzas:

  • Así como el corazón del Dios eterno se entristece por el pecado de su pueblo, y lo desconocen, al igual que en Jeremías 9:3 (Referencia, Génesis 6: 5, 11-12; Oseas 11:1-4), también se alegra al mirar que pasamos tiempo con el Bendecidor. “El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová; Mas la oración de los rectos es su gozo” (Proverbios 15:8)
  • En la obediencia el corazón del Dios dulce y cariñoso también se alegra. Obediencia que nace de la gratitud por la gracia recibida (Romanos 12:15), no del deseo de obtener mérito y de justificarse uno mismo a la vista de Dios. Vale decir, la fe en el evangelio, y en Jesucristo, es obediencia (Referencias: Hechos 6:7; Romanos 6:17; Hebreos 5:9; 1 Pedro 1:22) por cuanto Dios así lo manda en Juan 6:29; 1 Juan 3:23.
  •  En la unidad del pueblo del Señor cual vínculo especial, único entre dos o más personas entre sí. Añádase permanecer juntos, son actitudes muy cercanas al corazón. Unánimes y juntos, esa es la posición del cristiano auténtico. Ahí se alcanzan las bendiciones del Dios dadivoso.
  • Sin embargo, no puedo estar unido a Él sin su Espíritu Santo, tampoco puedo pertenecerle sin su Santo Espíritu, o pertenecer al cuerpo de Cristo salvo por el Espíritu eterno.
  • Mantener elevadas manos santas y preciosas, levantadas en adoración y alabanza; guardadas limpiamente para el servicio al Redentor y a Sus necesitados.
  • Buscar al Señor permanentemente, en todo momento, a cada instante. La verdad bíblica es que nosotros no le buscamos. Él nos busca. Así consta en el Registro Santo, aunque Amós 5:4, exprese: “Más así dice Jehová a la casa de Israel: Buscadme y viviréis”, empero, en Lucas 19:10, se clarifica esta porción: “Porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”. Desde la eternidad y en los planes de este Dios precioso estaba escrito que nos buscaría y salvaría porque estábamos perdidos. Nosotros éramos los perdidos necesitados de salvación.  
  • Prepararnos diariamente en el conocimiento y entendimiento de la Palabra de Dios. El Señor Jesús se preparó previamente antes de salir en búsqueda de los necesitados para aliviarlos de sus angustias, dolores, padecimientos, a realizar hazañas, portentos, maravillas, sanidades. Nadie al principio le conocía como el Hijo del hombre, sino como “el hijo del carpintero” (Mateo 13:55; Marcos 6:3). Más tarde lo entenderían.
  • Ante el clamor de un corazón contrito (compungido, arrepentido, abatido) que se enfila a su Dios y Señor en busca de respuestas a sus necesidades, sus oídos siempre están atentos, aunque su pueblo no.