El Registro bíblico en Génesis 4:3-7, relata: “Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda, pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él”.
Aquí observamos que el culto religioso a Dios emerge como una invención temprana, y como una institución primitiva. Juan en 1:1, anota: “Lo que era desde el principio”. Por ello sostenemos que las ofrendas fue un descubrimiento no tardío, desde el comienzo. Jeremías (6:16) coadyuva en el análisis: “Paraos en los caminos, y mirad y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino”. Al presentar ofrendas a Dios, cada uno debe honrarle con lo que posee, según Dios le haya prosperado. Por tanto, “procuramos, o ausentes o presentes, serle agradable”. (2 Co. 5:9).
Dios miró con agrado a Abel y a su ofrenda, y le mostró su aceptación; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya, acaso porque ésta era de poca calidad; “del fruto de la tierra una ofrenda” (v. 3), en tanto que Abel trajo “de los primogénitos de sus ovejas” (v. 4). Caín era malvado y su sacrificio era vana ofrenda (Isaías 1:13). Abel era recto, llamado “Abel el justo” (Mateo 23:35), su corazón también era recto y su vida piadosa. Se destaca en Hebreros 11:4, que ofreció más excelente sacrificio que Caín, lo primero que le vino a mano, es decir, desdeñosamente; aquél, en tanto, se empeñó en escoger cuidadosa y amorosamente su ofrenda, no del sobrante, lo mezquino, lo defectuoso sino de los primogénitos de sus ovejas, lo mejor que tenía, y de lo más gordo de ellas; además, lo hizo con fe. Caín, no, cuyo corazón no estaba puesto en la voluntad de Dios y en Su gloria como meta final. Seguía los impulsos de su carácter, más no con fe, el resultado fue el pecado. Abel, humilde y arrepentido, Caín, altivo y autosuficiente.
De lo manifestado en estas líneas, afirmamos categóricamente que, si anhelamos recibir más, debemos entregar más y mejor. Por ejemplo, si empleamos mayor tiempo en el estudio, meditación sostenida en la Palabra del Señor, en la oración, en obedecerle, mayor también será la presencia plena de Dios; al contrario, menor tiempo y de baja calidad, recibiremos escasamente.
Nosotros también reflejamos lo que recibimos de Dios por el mayor tiempo y de calidad con Él. Evidenciamos al Señor en la medida del tiempo que pasamos junto al Amado. Si mayor es la entrega, reflejaremos en la misma proporción lo que damos y lo que recibimos.
Enseñanzas:
- Si queremos más tenemos que ofrecer más; sin embargo, hay los que dan menos y quieren recibir más, y anhelan tenerlo todo dando migajas.
- Dan migajas al Padre celestial y quieren recibir a manos llenas. Anhelan obtener lo que leen, lo que leen de otros consiervos, aunque pertenezcan al pueblo del Señor, a recibir todo lo que escuchan. Eso quieren.
- La envidia aflora también en el pueblo santo. Preguntan: ¿Por qué a él sí, por qué a mí no?
- Un elemento adicional muy importante: Si todo es en la medida de lo que entreguemos, recibiremos, siempre y cuando la bendición esté ahí. En otras palabras, hay quienes trabajan y trabajan y casi no duermen y se esfuerzan por ejecutar una y otra cosa, y nada resulta porque la bendición del Señor no está ahí.
- Si en una familia posa la bendición hay que poner en marcha la creatividad, pues nuestro Padre de las luces es proactivo. Poner en acción diseños, planes, estrategias para los llamados emprendimientos.
- Es imperioso convertir nuestra zona de trabajo, el hogar, las actividades que desarrollamos y cualquier gestión a cargo en un viñedo productor de frutos agradables a Dios. Bíblicamente uno de los cultivos preponderantes que Dios prometió a su pueblo desde Canaán. Su significado es de prosperidad.
- Lección, a aprender: En la medida en que demos, recibiremos. Ello precisamente aconteció desde el inicio con Caín y Abel como hemos anotado en líneas precedentes. Caín tenía envidia porque miraba el momento en que Dios recibía la ofrenda de olor agradable. No le dio lo mejor, pero quiso recibir lo mejor.
- Aprender de Proverbios 21:27: “El sacrificio de los impíos es abominación; ¡Cuánto más ofreciéndolo con maldad!”.
