Dijo el Predicador, hijo de David, rey de Jerusalén, en Eclesiastés 3:1: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de abrazar y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz, enumeraciones que las encontramos en los versos 2 al 8.
A lo mencionado, agregaría una: “tiempo de preguntar, y tiempo de callar”.
En reiteradas ocasiones preguntamos, preguntamos y preguntamos. El esposo pregunta a su esposa si se siente amada; el padre pregunta a sus hijos si estiman tener un hogar; el profesor pregunta a sus alumnos si son respetados, considerados, si aprendieron lo expuesto en clases; el médico pregunta a su paciente si está bien atendido en la consulta y conforme con el tratamiento; el dueño del restaurante pregunta a sus comensales si están satisfechos con los alimentos servidos; el plomero inquiere de su cliente si cree que el arreglo de la fuga de agua se reparó convenientemente. Los ejemplos sobran.
Contrario a este proceder reiterativo: preguntar y preguntar, es imperativo callar, guardar silencio, pues la otra persona quiere ser escuchada. Un claro ejemplo de este título es la vida de Job, hombre perfecto, recto, íntegro y piadoso del Antiguo Testamento.
Para la mejor comprensión del libro se ha dividido en tres secciones principales, cada una de éstas con tres subdivisiones. La que interesa para fines de este mensaje, es la tercera subdivisión: llegada de Elifaz, Bildad y Zofar, tres amigos que venían a “consolar” a Job. Una segunda parte contiene la discusión entre este personaje central y sus amigos, cada uno provoca tres discursos, excepto Zofar, quien habló solo dos veces, ante lo cual Job responde a cada discurso, discusión que constituye la mayor parte del libro. Preguntas van, respuestas vienen. Elifaz habla del principio acerca de la culpabilidad humana, aunque alude al pecado de Job, quien indirectamente señala su inocencia, postura compartida por Bildad y Zofar. Los argumentos esgrimidos por esos amigos se detallan también en la segunda serie de discursos, capítulos 12-20; con mayor vehemencia en la tercera serie (capítulos 21-31). Elifaz abiertamente acusa a Job de un pecado secreto; Bildad retorna a su primer argumento ante el silencio de Zofar. Discusiones van, discusiones vienen. Job se mantiene en su inocencia, decidido a no dejar a su Dios. Su fe anclada en Él, proclama: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de desecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios”. (19:25-26).
Aparece en escena Eliú, propone debatir el asunto con base a un punto de vista diferente: afirma que las aflicciones fortalecen y purifican a los creyentes como corrección que inflige en amante disciplina, tesis que le ubica como un mensajero del Señor; prepara la intervención divina y aporta un argumento que Job puede considerar y, finalmente, admitir (capítulos 32-37) hasta que el Señor toma la palabra y enseña a Job que el conocimiento humano es muy limitado para explicar satisfactoriamente el misterio de las dispensaciones divinas. Job se humilla ante el Dios y Señor (38:1_42:6).
Adviértase no solo las discusiones, discursos, preguntas, silencios, respuestas. Han hablado todos, excepto Dios. Manda a callar a Job, y le dice: “Ahora ciñe como varón tus lomos; Yo te preguntaré y tú me contestarás” (38:3); es decir, ya has hablado, ustedes han discutido, he escuchado los discursos de uno y de otro; pero es tiempo de callar. Calla tú y Yo hablaré.
A partir del versículo 4 del capítulo 38 se detallan las interrogantes que formula Dios a Job. En el capítulo 40:2, Jehová respondió a Job: “¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? “Entonces respondió Job a Jehová” (v. 3); luego, “Respondió Jehová a Job desde el torbellino” (v. 6). “Respondió Job a Jehová “(capítulo 42:1) hasta llegar al Epílogo feliz (7-17).
Enseñanzas:
- El libro de Job está íntimamente imbricado (arraigado) o ligado al Nuevo Testamento, preguntas que el Señor Jesús las contesta perfectamente; así: Alguien debe auxiliarnos para acercarnos a Dios (Job 9:32-33), Jesús responde en 1 Timoteo 2:5. ¿Hay vida después de la muerte? (Job 14:14) Respuesta: Juan 11:25. ¿Alguien trabaja a nuestro favor en el cielo? (Job 16:19). Hebreos 9:24. ¡Quien nos salva del juicio? (Job 19:2). Hebreos 7:24-25. ¿En qué lugar encontramos a Dios? (Job 23:3-5). Juan 14:9. ¿Qué es importante en la vida? (Job 21:7-15). Mateo 16:26; Juan 3:16.
- Job hombre rico, lleno de fe, paciencia y resistencia, generoso y sensible, cuya debilidad radicó en tratar de entender por qué sufría, lo llevó a dudar de la existencia de Dios, situación que le afligía sobremanera. Alcanzó lecciones que le sirvieron en su vida: el dolor no siempre es un castigo; Dios no es arbitrario, tampoco insensible. Conocer a Dios es mejor que conocer respuestas. Es indispensable saber escuchar. Tiempo de callar.
- Aprendió del Señor que antes que hablar, preguntar, interrogar, es mejor guardar silencio. Callar. Dios hablará en el silencio, en la quietud, en el sosiego. (1 Reyes 19:11)
- Agobiado por el sufrimiento, Job no recibió consuelo sino condena por sus amigos. Cada uno con sus opiniones trataban de comprender los porqués del sufrimiento de aquél. Dios demostró que esas explicaciones no alcanzan a una respuesta completa.
- Esos amigos se sentaron con Job en silencio por siete días (2:11-13) para decirle que el sufrimiento que padece está ligado al pecado, ante lo cual, no admite haber incurrido en él, por lo que seguirá con su padecimiento cada vez mayor.
- Ignora que Dios está usando el sufrimiento para moldear y capacitarle. Lo confrontó en el imperativo de contentarse sin conocer el porqué de él. No le explicó la razón que el Señor tenía para el padecimiento cada vez mayor de Job. Son tiempos y tiempos del Deseado.
- Le interroga este Señor precioso en el tiempo que debía hacerlo. “Ahora ciñe como varón tus lomos; Yo te preguntaré, y tú me contestarás. ¿Dónde estabas tú cuando yo fundaba la tierra? Házmelo saber si tienes inteligencia”. (38:3-4) ¿Es sabiduría contender con el Omnipotente? O ¿Todavía quieres seguir discutiendo conmigo? (40:2-3). Y la declaración gloriosa de Job: “Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía. Cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía”.
- Y arribamos a los tiempos culminantes: “Oye, te ruego, y hablaré; Te preguntaré y tú me enseñarás”. Tiempo de preguntar, tiempo de callar, tiempo de hablar, y tiempo de enseñar; tiempo de detenerse, y tiempo de aprender. (v. 4)
- “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto, me aborrezco. Y me arrepiento en polvo y ceniza” (5-6). “Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble las cosas que habían sido de Job” (10). Todo, todo se produce en los tiempos del Amado.
