Una esperanza viva

Escuchamos a las personas decir a menudo, “yo tengo esperanza de…”, “mi esperanza está centrada en …”, “pon tu esperanza en …”, y repetimos una y otra vez sin entender o comprender lo que queremos expresar, lo hacemos por cuanto hemos escuchado estas palabras. 

Pero ¿qué entendemos verdaderamente por esperanza? Es la confianza que se tiene para alcanzar objetivos o metas trazados o que algo que se desea se realice; igualmente, es el estado de ánimo optimista por el cual los deseos, anhelos o aspiraciones se concreten. Son expectativas positivas y firmes relacionadas con lo que nos favorece en armonía con los deseos.

El apóstol Pedro no solo habló de la esperanza como tal sino de una esperanza viva. Lo expuso de la manera siguiente: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”. El renacer o “siendo renacidos” se refiere al nuevo nacimiento (v. 23) posibilitado por el Cristo viviente a una esperanza viva. El renacer es el nacimiento espiritual (regeneración), acto por el cual el Espíritu Santo traslada a los creyentes a integrarse a la familia de Dios. El Señor empleó este término al explicar a Nicodemo lo que es la salvación (Juan 3).

Desde la perspectiva celestial somos convocados a una esperanza viva de eterna vida no únicamente futura que comienza al creer en Dios y unirnos a su familia a pesar de conflictos y vicisitudes que encontremos en el tránsito terrenal, tenemos la confianza y seguridad palpitante, latente que viviremos eternamente con Cristo Jesús pese a los padecimientos que frecuentemente se nos presenten y a la persecución que enfrentemos (v. 6; 2:12, 18-25; 3:13-18; 4:1,4, 12-19; 5:1; 7:10, de la carta de Pedro)

La esperanza se destaca en sí (vv. 13, 21; 3.5; 5:5) por lo que se puede llamar una CARTA DE ESPERANZA VIVA, activa, dinámica, trascendente en medio del sufrimiento. Bíblicamente la esperanza no es mera ilusión sino firme convicción encaminada al futuro plasmada en la resurrección del Señor Jesús que asegura a su pueblo el nuevo nacimiento y la esperanza real y verdadera de que resucitará como Él, resurrección que renace para una esperanza viva, principio de nueva vida para los creyentes (Cf. Juan 11:25-26). Hemos sido trasplantados de la herencia Adánica a la herencia de Dios.

Esta esperanza es también una virtud teologal que en la Biblia expresa la simple expectación de un bien o de un mal futuro, aunque identificada con la fe y la obediencia enmarcadas en una escatología (estudio de “las cosas finales”), bien el fin de la vida individual, o del fin de los tiempos, o del fin del mundo, así como la naturaleza del Reino de Dios.

En el Antiguo Testamento, Dios es la esperanza de Israel (Jeremías 14:8), confían en Él (Jeremías 17:7), descansan pasivamente en Él (Salmo 42:5) o anticipan activamente la bendición divina (Salmo 62: 5 ss.). La religión del viejo Testamento es la religión de la esperanza, cuya garantía es el pacto de Yahveh (Nehemías 1:5), confirmado por sus gloriosos actos a favor de su pueblo. Es más, la esperanza anima la posesión de Canaán (Génesis 15:7; Éxodo 3:8, 17), y una vez alcanzada se espera siempre la protección de Yahveh (Esdras 9:9), aun en la transgresión del pueblo o del juicio divino, hay esperanza para el remanente fiel. En el Nuevo Testamento, la esperanza de los hijos de Dios también es la esperanza de la creación entera (Romanos 8:19 ss.). Cristo es la esperanza del cristiano (1 Timoteo 1:1), su mensaje es una un mensaje de esperanza (Mateo 4:17; Marcos 1:15; Lucas 4:43).

Por tanto, existe la esperanza como tal, y la esperanza viva, conforme se ha analizado. 

La resurrección de Jesucristo de los muertos se refiere a nosotros que somos resucitados con Cristo en “novedad de vida” y nos permite vivir una vida santa (Romanos 6:3-5).

Enseñanzas:

  • De la atenta lectura de los versículos 3 al 5 de la cita de Pedro en su primera Carta, estamos ante tres porciones bíblicas bellas, hermosas. Encontramos las riquezas o tesoros celestiales como herederos de Dios en Cristo Jesús que el Padre ha preparado para los que le aman. Comienza el apóstol con una emocionante doxología o alabanza al Señor: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”, fórmula empleada por Pablo en 2 Corintios 1:3; Efesios 1:3. Continúa: “según su grande misericordia nos hizo renace para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos”. No es cualquier esperanza, se trata de una “viva”, vigorosa, plena, activa, al igual que en Hebreos 4:12, en que se afirma que la palabra de Dios es viva y eficaz”
  • Claro está que la salvación es por gracia, no se debe a mérito alguno tampoco a esfuerzo de nuestra parte, es la misericordia de Dios que se apiadó de nosotros en su voluntad perfecta y agradable. (Comp. Con Gálatas 6:16; Tito 3:5), “para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros (v. 4). Las palabras del apóstol ofrecen gozo y esperanza en tiempos tormentosos basada en lo que Dios hace por nosotros en Jesucristo.
  • Somos llamados a una esperanza viva de vida perpetua, imperecedera que no es solo futurista, vida eterna que inicia al creer en Dios -como expusimos en líneas precedentes- y unirnos a su familia, empero, no solo es la esperanza, es la herencia que es el súmmum de la esperanza, pues la herencia es sempiterna en su esencia y no se sujeta a corrupción y, en su preservación, es guardada por Dios para nosotros. 
  • La causa final, el objetivo de este nuevo nacimiento es: “para una esperanza viva”, es decir, no entramos inmediatamente a disfrutar de la herencia prometida, “porque en herencia fuimos salvos (Romanos 8:24, compárese con 2 Tesalonicenses 2:16). El agregado de “viva”, por cuanto esta esperanza no es mera ilusión muerta, mustia por el desengaño; al contrario, es segura, no engañosa ni avergüenza, se enfila a la vida inmortal (ver Romanos 5:5; Tito 1:2; 3:7).
  • ¿Cómo se alcanza esa esperanza viva? “Mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos”, a esta resurrección del Señor el apóstol Pablo atribuye nuestra justificación (Romanos 4:25), nuestra nueva vida con Cristo (Romanos 6:3-10) y nuestra resurrección gloriosa (1 Corintios 15: 20 y ss.). Esperanza del griego “elpis”, esperar con anhelo, por lo general con placer, expectación o confianza. 
  • En cuanto a la herencia, existe clara diferencia entre la antigua herencia de Israel en Canaán a la herencia cristiana que es vida eterna en el reino de Dios (Marcos 10:17, 29-30).