Las Sagradas Escrituras en el Libro de Éxodo 3:10-14, consigna lo siguiente: “Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel. Entonces Moisés respondió a Dios: ¿Quién soy yo para que vaya a Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel? Y él respondió: Ve, porque yo estaré contigo; y esto te será por señal de que yo te he enviado: cuando hayas sacado de Egipto al pueblo, serviréis a Dios sobre este monte. Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, que les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros”.
Dios se identifica a si mismo como YO SOY EL QUE SOY. En esta revelación declara su carácter y sus atributos, no se detiene en considerar quien es Moisés, sino quien está con él, junto a él. Nombre relacionado con el verbo hebreo “ser” y, por ende, implica la absoluta existencia de Dios. De lo anotado, miramos que el Señor nos llama frecuentemente a realizar tareas que en nuestro entendimiento y comprensión lucen como difíciles, aunque no nos solicita que lo hagamos solos. Él siempre estará con nosotros como lo estuvo con Moisés, luego con Josué. Nos ofrece sus recursos al igual que lo hizo con los siervos nombrados, y con otros más. Debemos mirar, por tanto, más allá de nosotros mismos y ver los grandes recursos disponibles que tiene a mano; entonces utilizará nuestra cooperación, nuestras contribuciones.
Se llamó a si mismo YO SOY, apelativo que describía su eterno poder y su inalterable carácter, quien es el mismo “ayer, hoy y por los siglos” (Hebreos 13:8); además, Jehová, o Yahvé, deriva de la palabra hebrea que corresponde a YO SOY, demostrativa de su incambiable naturaleza.
YO SOY el inefable (indescriptible, indecible), infinitamente libre y soberano; el que existe por si mismo. Tiene en sí la razón y fuente de su propio ser y, en modo alguno, depende de otro ser. Al existir por sí mismo, es autosuficiente; más aún, Todosuficiente, fuente inexhausta de todo ser y felicidad. Como ser eterno e inmutable, no cambia. Como no puede cambiar, es siempre de fiar, de confiar en Él, porque no puede volverse atrás. Él es el de siempre. Israel debe saber que el YO SOY ha enviado a Moisés en esta misión: libertar al pueblo hebreo de la servidumbre egipcia por mano de este líder.
Isaías 45:5-6: “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tu no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo”. El Señor Jesús, en Juan 17:26, mencionó:” Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que con el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos”.
En el Nuevo Testamento, Juana 6:48, pronuncia el primero de los siete Yo soy, que solamente aparecen en el Evangelio de Juan. Paralelo significativo entre esta expresión y el nombre del Dios del pacto (Jehová), por el cual se reveló a Moisés en Éxodo 3:14: “Yo soy el que soy”.
Enseñanzas:
- El Dios todopoderosos nos llama por nuestros nombres. Lo hizo con Moisés y con otros siervos más, porque nos conoce, porque nos formó y Él sabe en que lugar estamos. Fuimos escogidos antes de la fundación del mundo, y conoce todo acerca de nosotros. Nos sigue buscando por cuanto anhela un encuentro con cada uno. “Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí (Éxodo 3:4)
- En el llamamiento santo de este Dios amantísimo quien nos engendró, nos miró y le miramos, “nuestro embrión vio sus ojos” (Salmo 139:16), fue quien nos dio vida, nos alumbró con su luz aun en el vientre de nuestras madres, y nos ha llamado para colaborar en sus preciosos negocios.
- Al convocar a Moisés, éste no sabía quien era este gloriosos Dios. Se identificó como: “Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob” (v. 6). Preguntó: ¿Quién soy yo? (v. 11), prosiguió: Si ellos me preguntaren: ¡Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Seguidamente, Dios le contestó: YO SOY EL QUE SOY. En verdad, Él es quien dice que es.
- Si en esta fecha preguntásemos a nuestro Dios: ¿Quién eres Señor? Sin duda alguna, nos contestaría: YO SOY quien los he llamado para mi servicio, YO SOY vuestro Padre, YO SOY tu Señor, YO SOY tu amor, SOY YO tu necesidad, SOY YO tu paz, SOY YO tu consuelo, SOY YO tu todo en tu vida, creado por Mí para Mí, para mi deleite, para mi gozo. SOY YO quien te ha creado para Mí.
- El es el YO SOY de estas vidas. El YO SOY Creador y Gobernante de este planeta. Reveló su omnipotencia a Job (capítulos 38-39). Todo lo que hay debajo del cielo es del Gran YO SOY. (Job 41: 11).
- El conocimiento del SOY YO en cuanto Soberano como Creador y Sustentador del mundo físico y espiritual debe regir la forma como pensamos. Está profundamente vinculado a “nuestras” vidas al punto que no alcanzamos a comprender. Toda sabiduría que encamina a la verdad viene del YO SOY. De allí que, la única manera de conocer y comprenderlo es a través de la revelación. Comprender la verdadera naturaleza de Dios nos conduce a esperar la redención y la vida eterna. Su verdadero conocimiento nos conduce a la humildad como rechazo a la autosuficiencia y expresión de la dependencia del YO SOY.
- La piedad es fruto del verdadero conocimiento del YO SOY. Vida santa que no da cabida a malas actitudes y busca a Dios en todas las circunstancias. El sabio vive de acuerdo con las verdades que conoce sobre el SOY YO, el mundo y sí mismo. Está en condiciones de enfrentar y soportar el sufrimiento, en la convicción de que la mano amorosa de este maravilloso Dios prevalecerá al final. también el sabio conoce que aun cuando busquemos vivir rectamente, nuestra rectitud no puede ganar su favor. La gracia es un regalo no una concesión.
