En ocasiones o en múltiples de éstas, el ser humano experimenta ánimos, desánimos, aflicciones, molestias, sinsabores u otros aspectos no agradables en su vivir diario. Hablamos de animado, muy desanimado, dar ánimo, perder el ánimo -por depresión, tristeza, abatimiento- falta de ánimo, buen estado de ánimo, mal estado de ánimo; y así en similar sentido.
Esta capacidad humana de experimentar emociones y afectos, de comprenderlos, son actitudes que se adoptan respecto a eventos temporales a percibir, sean sensaciones o estados anímicos.
Con base a lo expuesto, podemos afirmar que el ánimo, a más de esa capacidad, actitud, disposición o temple propios de la persona, tiene relación con la vitalidad, resolución o fuerza con la que ejecutamos algo. Por ejemplo, decimos: estudiar con ánimo, desfallecer de ánimo, poner el mejor ánimo para emprender este negocio. Es, en resumen, el estado energético (de energía) de la persona a “tener buen ánimo” para culminar determinada acción.
En el Antiguo Testamento recogemos algunas citas sobre este tema. “Esforzaos y cobrad ánimo…” (Deuteronomio 31:6, 1 Crónicas 22:13, 2 Crónicas 15:8, Hageo 2:4), “… no sea que los de ánimo colérico os acometan” (Jueces 18:25), “Tú sabes … que están con amargura de ánimo” (2 Samuel 17:8, Ref. Job 3:20, 21:25), “… todos los demás de Israel estaban de un mismo ánimo” (1 Crónicas 12:38), “Poned, pues, ahora vuestros corazones y vuestros ánimos en buscar a Jehová vuestro Dios” (1 Crónicas 22:19), “ Y tú Salomón, hijo mío, sírvele con corazón perfecto y ánimo voluntario” (1 Crónicas 28:9), “Después, con ánimo resuelto edificó Ezequías todos los muros caídos“ (2 Crónicas 32:5), “porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar” (Nehemías 4:6).
En el Nuevo Testamento, es el Señor Jesús, quien en Mateo 9:2, dice: “ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados”, en 9:22, “Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado”; en 14:27, y Marcos 6:50. “!Tened ánimo, yo soy, no temáis!”, “Ten ánimo, Pablo, pues como has testificado de mí en Jerusalén, así es necesario.. “(Hechos 23:11), “Porque sé que desde hace muchos años eres juez … con buen ánimo haré mi defensa (24:10), “Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo (27:22, 25, Filipenses 2:19), “Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también.” (27:36), “pues a ninguno tengo del mismo ánimo…” (Filipenses 2:20), “…que alentéis a los de poco ánimo…” (1 Tesalonicenses 5:14), “El hombre de doble ánimo es inconstante” (Santiago 1:8, 4:8), “no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto” (1 Pedro 5:2).
Como usted leerá amable lector (a), los ánimos son innúmeros.
¿En cuál de ellos nos ubicamos? Usted responderá.
Enseñanzas:
- El ánimo se enlaza con las emociones, actitudes, afectos por los que el ser humano atraviesa, sean buenas o malas disposiciones en su diario vivir. Si está de buen ánimo responde a la alegría, al gozo, a la energía, a la vitalidad o fuerza que imprime esa persona en su estado emocional.
- En el Texto Sagrado ubicamos diversas fases del ánimo por el que transitaron nuestros antepasados tanto en el Antiguo Testamento por ser inherentes al ser mismo, a su naturaleza, desde su creación hasta la época actual, también en el Nuevo Testamento, y continuará en el futuro con otras personas.
- Habrá de acudir otra u otras personas para animar a los desalentados por múltiples consideraciones con expresiones como las vertidas en las citas bíblicas: “tened ánimo”, “tened buen ánimo”.
- Lo delicado de este asunto es tener “doble ánimo”, oscilar como péndulo y no salir del desánimo cuyo rasgo característico es fluctuar. También a los de “poco ánimo” a quienes hay que alentar.
- Son los de ánimo pronto los propensos al éxito, al triunfo, al servicio. Igual para los de “mejor ánimo”.
- El Señor Jesús animó a tener buen ánimo como en los pasajes citados. En otros términos, era un excelente animador (de dar buen ánimo).
- Consejo: buscar a personas santas, piadosas, firmes, de buen testimonio, llenas del Espíritu Santo para que animen a los desalentados, a los caídos en estados depresivos y los eleven a sitiales firmes, sólidos a fin de que no resbalen, fluctúen o se deslicen.
