Es una afirmación totalmente acertada. Usted administra bienes, administra una herencia, administra el tiempo, administra recursos dinerarios o no, administra el hogar y lo que allí hay, incluidos los hijos (sabiamente), administra un negocio, administra el combustible de su vehículo, administra los víveres y compras en su casa, administra el salario o el sueldo que percibe, y así detallaremos todo lo que debemos administrar.
El administrador tiene el oficio de administrar los bienes o propiedades de otro, es el encargado de gestionar los procesos administrativos de determinada empresa a cuyo cometido concurren planificación óptima, organización, dirección y control de las áreas que le fueren encomendadas con base a los recursos a su disposición. En otros términos, es un gestor o encargado de dirigir, gestionar o administrar eficientemente y con muy buenos resultados cierto negocio.
En las Sagradas Escrituras se asimila su labor al mayordomo o administrador quien ejerce la mayordomía a él encargada. Este sirviente es el llamado a organizar el servicio de la casa, hacienda o las propiedades de su señor.
Por tanto, la mayordomía bajo esas consideraciones es aplicable a todas las áreas de la vida; es decir, todo en la vida es administración y administración.
Bíblicamente Dios es Señor y Dueño de todo. Nosotros somos sus administradores o mayordomos responsables de administrar lo que a Él le pertenece no sólo los bienes tangibles o materiales, también del tiempo, de los talentos, de Su gracia.
El Señor Jesús en Lucas 16:1-13 relata la parábola del mayordomo infiel, a quien el hombre rico le acusó de disipar sus bienes, solicitó dar cuenta de su mayordomía, pues ya no podría ser mayordomo. Ante este escenario se auto interrogó por qué su amo le retiraba de esa gestión ya que no podía cavar, mendigar, tampoco, y le acarrearía vergüenza e hizo números con los deudores de su amo rebajándoles las acreencias. El amo alabó al mayordomo malo por haber utilizado su sagacidad.
Mateo 12:42 (insta a prepararse para su venida), señala: “¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración”? Él recompensará a los leales al Maestro. Experimentamos recompensas inmediatas y materiales por la obediencia al Creador, aunque no siempre es así.
En Tito 1:7, al hablar Pablo del obispo, precisa que éste sea irreprensible, como administrador de Dios, como en 1 Corintios 4:1-2, en que los servidores de Cristo, seamos también administradores de los misterios de Dios, y que cada uno sea hallado fiel. El sirviente hace lo que su amo le indica. Nosotros, lo que Dios dice que hagamos por medio de las Escrituras Sagradas y su Santo Espíritu.
Nuestro galardón celestial está anclado a reflexionar sabia y sensatamente de lo hecho durante la permanencia en este planeta y será más grande que irá más allá de nuestra imaginación.
Esta breve narración por el Señor nos lleva a varias enseñanzas, esencialmente morales.
Enseñanzas:
- El uso y manejo del dinero nos encarrila a reconocer siempre el señorío de Dios. Usamos los dones, habilidades, destrezas y sabiduría porque de Él son y no nuestros. En el caso del dinero, lo empleamos para bien por el poder grande que tiene para alcanzar bienestar o causar daño.
- Estos recursos determinan prosperidad financiera, estabilidad económica, permiten alcanzar holgura en la vida mas no ganar el cielo, también para que esas “moradas eternas” alcancen vivencias agradables en favor de a quienes ayudamos. Una de las misiones es encaminarles a encontrarse con el Señor Jesucristo a modo de inversión y cuyos beneficios o recompensas están preparadas para sus hijos.
- La administración o mayordomía no se circunscribe únicamente al aspecto monetario, va más allá. Hablamos de administrar el tiempo. David lo expresó en el Salmo 31:15 “En tu mano están mis tiempos”, esto es, que todas las circunstancias de la vida están bajo el dominio de Dios.
- Administradores de la gracia de Dios como en 1 Pedro 4:10. “Cada uno, según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”. Al estar conscientes de los talentos entregados por el buen Señor hay que darles el mejor uso dedicándolos a los demás ya que no son para disfrute personal y exclusivo. (Ver Romanos 12:6-7; 1 Corintios 4:1)
- Recordar, siempre que no somos propietarios de nada sino administradores, mayordomos de los bienes del Todopoderoso, quien nos pedirá cuenta del uso de los dones al servicio de la comunidad, conforme a Su voluntad y conscientes de la responsabilidad que pesa sobre ellos, de lo que daremos cuenta (Referencia 1 Corintios 4:4).
- La gracia o el favor inmerecido de Dios, al ser una, adquiere diferente tono y alcance acorde con el servicio que el Señor demande.
Usted advertirá que esta breve enseñanza no se circunscribe a la mayordomía. En otra oportunidad podríamos ocuparnos de este tema.
