La paz verdadera proviene de Dios, la paz del hombre es temporal

En el mundo a menudo se habla de paz. Se repite: la paz sea con ustedes, tenga paz, descanse en paz, noche de paz, firmar la paz, tiempo de paz. En esa línea, varias expresiones similares.

Comúnmente, paz es el estado o situación en la que inexisten luchas, guerras entre partes belicosas, también el acuerdo para finalizar una guerra. Como valor, cada ser humano decide vivir en paz o en conflicto, con su vecino, prójimo, familia, parientes, amigos, los comprende y no se siente afectado ante la ausencia de rencillas, amenazas, violencia y, contrariamente, venga la calma, la concordia, la armonía necesaria en esta época conflictiva.

Desde la perspectiva bíblica, paz es la tranquilidad y sosiego, opuesto a turbación (desconcierto, alteración) en sus relaciones entre hombres (Mateo 10:34), entre naciones (Lucas 14:32), o entre Dios y el hombre (Romanos 5:1). Como sinónimo de amistad (Hechos 15:33), liberación de molestias (Lucas 11:21), orden nacional (Hechos 24:2) u orden eclesiástico (1 Corintios 14:33).

En varios de los libros del Antiguo Testamento, Dios prometió a su pueblo cesar la guerra causada por tanto sufrimiento como premio por guardar su pacto y sus enseñanzas (Levítico 26:6). Actualmente, la ausencia de paz al igual que antaño, sin equívoco alguno, se debe a la desobediencia a Dios. El hombre no puede estar en conflicto con el Señor de los cielos y en paz con su prójimo. El Libro de Números 6:22 y siguientes, afirma que la bendición sacerdotal trae verdadera paz interior y viene de Dios (compárese Isaías 48:18). En este mismo Libro (9:6), a Jesús se le otorga el nombre de “Príncipe de paz”, quien traería paz perdurable (Isaías 9:7). Cristo es el cumplimiento no solo de Isaías 9:6, también de Nahúm 1:15, por anunciar el evangelio de paz. Recordemos que el coro angelical anunció paz en la tierra por medio del Señor Jesús (Lucas 2:14). 

A los discípulos la noche anterior antes de su muerte, Jesús prometió su propia paz a ellos y a todos los suyos. Tranquilidad interior no pasajera como la paz que ofrece el mundo, tampoco depende de las circunstancias externas (Juan 14:27). El evangelio anuncia que hay paz con Dios y entre los hombres por medio del Señor Jesús (Hechos 10:36). Dios es el Dios de paz (1 Tesalonicenses 5:23) y promete una paz que sobrepasa todo entendimiento humano (Filipenses 4:7). La paz del alma es fruto del Espíritu Santo de verdad. 

La paz genuina, verdadera, única, solamente proviene de Dios. Así le prometió al rey David: “He aquí te nacerá un hijo, el cual será varón de paz, porque yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor; por tanto, su nombre será Salomón, y yo daré paz y reposo sobre Israel en sus días” (1 Crónicas 22:9). “¿No está con vosotros Jehová vuestro Dios, el cual os ha dado paz por todas partes? (v. 18). “Porque David dijo: Jehová Dios de Israel ha dado paz a su pueblo Israel…” (23:25). Asa, hijo de Abías, “edificó ciudades fortificadas en Judá, por cuanto había paz en la tierra; porque Jehová le había dado paz” (2 Crónicas 14:6). “Hemos buscado a Jehová nuestro Dios; le hemos buscado, y él nos ha dado paz por todas partes. (Igual en 15:15; 20:30).

Enseñanzas:

  • El Señor Dos bendice a su pueblo con paz (Salmo 29:11. Compárese 37:11), ama la paz de su siervo (35:27), y hay final feliz para el hombre de paz (37:37). “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo” (119:165)
  •  En Isaías 9:6, encontramos este bello pasaje: “Porque un niño os es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”. Jesús es Príncipe de Paz, no Príncipe de la Paz. Su gobierno es de justicia y paz.
  • Salmo 85:10: “La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron”.  “Los montes llevarán paz al pueblo, y los collados justicia” (Salmo 72:3). Jehová tendrá piedad de Jacob, escogerá a Israel, y “Toda la tierra está en reposo y en paz; se cantaron alabanzas” (Isaías 14:7). “Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado” (26:3). “Haga conmigo paz; si, haga conmigo paz (27:5).
  • “Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo” (32:18). “! ¡Oh, si hubiera atendido mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar” (48:18).  Como un Padre amoroso, Dios nos enseña y dirige. Debemos escucharlo porque recibimos paz y justicia por obedecer su Palabra; negarnos a atender los mandatos del Señor invita al castigo y amenaza esa paz y esa justicia.
  • Durante nuestros días en esta tierra, si nos mantenemos firmes y transitamos en sus ordenanzas, tendremos paz y seguridad en el Amado. “Y dijo Ezequías a Isaías: La palabra de Jehová que has hablado es buena. Y añadió: A lo menos haya paz y seguridad en mis días”. Contario a ello, los malos no tienen paz. (48:22); tampoco hay paz para los impíos (57:21); sin embargo, para los que anuncian la paz “! Cuán hermosos son sobre los montes lo pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien…” (52:7).
  • Para nuestra descendencia promete paz. “Y todos tus hijos serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz de tus hijos” (54:13), y a los que andan en su paz: “Entrará en la paz; descansarán en sus lechos todos los que andan delante de Dios” (57:2). “Paz, paz al que está lejos y al cercano dijo Jehová; y lo sanaré” (57:19). Podríamos citar muchos versículos respecto a la paz registrada en el Antiguo Testamento. Un breve vistazo en el Nuevo Testamento.
  • El Señor Jesús en Mateo 10:34, expresó: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz sino espada”. En Lucas 12:51: “¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión”. Lo dicho por el Maestro no contradice lo registrado en Juan 14:27: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da”. Ocurre que el mundo no está preparado para esta paz -de Jesús- porque no quiere recibir el Evangelio de la Paz (Hechos 10:36). En el mundo esperarán aflicción (Juan 16:33), empero, si todo el mundo recibiese a Cristo, habría paz universal; hasta tanto se le rechace, los hijos de Dios que no somos del mundo, aguardaremos la enemistad de parte de los que pertenecen al mundo.
  • Jesús no trajo esa paz que sobresale sobre las profundas diferencias para otorgar armonía temporal, superficial. Los desacuerdos, los conflictos surgen entre quienes optan por seguirlo y aquellos que no lo anhelan. Su presencia exige una decisión al “tomar nuestra cruz y seguirle”. Dios siempre debe ocupar el primer lugar en estas vidas que le pertenecen.
  • Trae espada, la espada de la Palabra de Dios (Efesios 6:17) que penetra en los corazones (Hebreros 4:12) para llevarlos al arrepentimiento (Hechos 2:37), instrumento con el cual lucharemos contra el mundo, su sistema.