Lo demás está por demás

Dijo el amantísimo Jesús: “porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:30). El yugo es un aparejo pesado o pieza de madera que se coloca a la cabeza o nuca de dos bueyes para uncirlos a un carruaje para que éstos arrastren lo que se desee, o un arado ajustable por su parte interior generalmente curvada en la labranza de la tierra o en el campo. 

El “yugo pesado” que menciona el Señor puede alcanzar varios significados: carga del pecado, cargas sobredimensionadas de los líderes religiosos (23:4; Hechos 15.10), la tiranía de los gobernantes, o la fatiga en la búsqueda de Dios que libra a las personas de estas cargas. Su descanso prometido es paz con Él no al margen en que debamos abandonar todo esfuerzo. El trabajo cansador y sin sentido alguno es transformado por el Señor en tarea productiva espiritual con propósito, con sentido de vida mientras mantengamos una relación estrecha con el Amado. El legalismo judío impuso también su carga, Jesús llama a una relación abierta, libre y leal (mi yugo) al observar la rectitud de la ley (mi carga). Nos exige un yugo suave y una carga ligera en contraste con el insoportable yugo impuesto por los escribas y fariseos, y las cargas que hacían a otros acarrear mientras ellos no ponían un solo dedo para tocarlas.

El buen Señor nos enseña a llevar una carga ligera, una vida holgada, una vida sin pesos y a transportar únicamente lo que necesitamos en este trayecto terrenal, lo útil; lo restante es basura, estorba, ocupa espacio. Deshacernos de lo improductivo, de lo fútil, de lo estéril, de artículos inútiles que no sirven para nada, poner orden en todo para no trasladar mucha carga. En suma, lo demás está por demás. 

Carga se refiere a un peso grande o trabajo arduo (Éxodo 1:11; 23:5; 1 Reyes 5:15; Mateo 20:12), a la responsabilidad de gobernar la Iglesia o el Estado (Números 11:11, 17), a alguna aflicción o preocupación (Salmo 55:22), a la conciencia del pecado (Salmo 38:4), a la flaqueza y a la condición humana (Gálatas 6:2), a alguna molestia para otros (2 Corintios 11:9; 12:13); a la ley ceremonial de Dios, las ceremonias supersticiosas de los hombres y exigencias legalistas (Mateo 23:4; Hechos 15:28; Apocalipsis 2:24). 

En sentido similar, carga es cualquier cosa que ofrezca incomodidad al cuerpo o a la mente (Sofonías 3:18); lo máximo que se pueda llevar (2 Reyes 5:17); la predicción de juicio severo (Isaías 13); trabajo, esclavitud, temor (Salmo 81:6, Eclesiastés 12:5; Mateo 20:12); los mandamientos de Cristo (Mateo 11:30; Apocalipsis 2:24); las debilidades de los hombres (6:2).

Yugo del griego “zugós”, mediante un yugo, unión, uncir, servidumbre (ley u obligación); también travesaño de la balanza (como conectando los platos).

Carga también de la raíz griega “fortion”, factura (como parte de la carga), tarea o servicio: — carga.  

Enseñanzas:

  • Existen ideas erróneas como aquella referida a que la salvación se alcanza por méritos propios, por obras; mientras más y más obras ejecutemos nos cargaremos de ellas, peso excesivo para cualquier mortal lo que torna en un yugo muy doloroso y carga muy pesada, pues, sabido es que ninguna obra humana salvará al hombre por más buena que sea. La salvación es por gracia, por fe. El Señor Jesús invita a hacer nuestro su yugo que es fácil y su carga ligera, liviana; en tanto, el pecador redimido toma sobre si el yugo fácil y la carga ligera no para salvarse sino porque ya es salvo
  • Llevar el Evangelio de Cristo a manera de “carga”, se traduce en que, a más de ser fácil su yugo y ligera su carga, contrasta con la enseñanza de los judíos en cuanto la salvación era por obras, e invita, además, a los pecadores a tomar su yugo y a aprender de quien es manso y humilde de corazón. Consecuentemente, hay descanso para el alma oprimida y un reencuentro con Él.
  • El legalismo infundado y pernicioso ponía énfasis en esa clase de salvación -méritos y obras- mediante la obediencia a ciegas de rígidas e innúmeras reglas y regulaciones; entonces, el yugo resultaba sumamente pesado, hiriente como lo hacían los fariseos y los escribas con sus tradiciones orales por sobre los mandamientos de Dios.
  • Al amparo de lo dicho, Jesús invita a los pecadores que se hallaban cansados y agobiados ir a Él en virtud de su yugo fácil, suave, útil, bueno y manejable, y a su carga liviana. Es el manso y humilde de corazón portador de esa calidad de yugo y de carga cuya gratitud proviene de su corazón regenerado, restaurado. Los nacidos de nuevo jamás contemplarán los mandamientos divinos como algo pesado e incómodo conocedores de lo prometido en lo atinente a yugo y carga.
  • La Ley de Dios refleja su voluntad agradable y perfecta, también santa y, en ella, el pueblo dispone de dirección y orientación adecuados respecto a los principios morales e inmutables del Señor sin que aquélla tenga función salvadora que constituiría “yugo de esclavitud, y nadie pueda cumplirla plena y eficazmente (Gálatas 5:1).
  • La invitación de Cristo está planteada, llevar su yugo fácil sobre nosotros, y su carga liviana. No pone carga pesada como los fariseos, escribas o judíos lo hacían, ofrecimiento y compromiso agradables, placentero, de gratitud por su cumplimiento fundamentado en su justicia mas no en la nuestra.
  • ¿Estamos dispuestos y prontos a satisfacer a nuestro Señor y Dios en llevar su suave yugo y su carga ligera? Depende de nosotros en romper paradigmas, modelos o costumbres atávicas de las relatadas en el Antiguo Testamento en torno a ellos.  
  • Llevar una carga liviana, una vida holgada, descansada, desahogada, sin tanto afán, una vida sin pesos con solo lo necesario para el trayecto, lo indispensable y útil, a la manera de la disposición de Jesús en Lucas 10:4. “No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado…”, elementos o medios humanos que dan seguridad en el camino, empero, debemos únicamente confiar en Él que suministra todo. Más adelante, “Y les dijo: Cuando os envié sin bolsa, sin alforja, y sin calzado, ¿os faltó algo? Ellos dijeron: Nada” (22:35). Con la dulce y agradable compañía, el apoyo y la provisión del Señor es suficiente, no cargas.
  • Allí entendemos el título de esta enseñanza: Lo demás está por demás.