El Señor Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. “Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:37-38; Lucas 10:2).
En agricultura la mies es un cereal maduro y ha menester segarlo oportunamente por cubrir vastas extensiones del campo. El tiempo apremia en la cosecha acertada o temporada óptima del grano deseado. Las consecuencias de su rechazo son fatales. Siega y cosecha del grano en época conveniente. La mies bíblicamente constituye las personas dispuestas a recibir al Señor y Dueño de ella y que escuchan su llamamiento. También es la muchedumbre de gentes convertidas al cristianismo o su pronta conversión. El hombre cosecha los resultados de sus acciones (Job 4:8; Proverbios 22:8; Gálatas 6:7). El Señor Jesús en varias ocasiones se refirió a la cosecha y enseñó verdades espirituales (Mateo 3:12; Marcos 4: 29). La cosecha -de este cereal- va ligado a las Sagradas Escrituras que significa recolección de los frutos de la tierra (Ref. Juan 4:35).
El Señor Jesús al contemplar las multitudes que lo seguían se refirió a ellas como un campo listo para la cosecha; mandó orar por el imperativo de satisfacer la demanda de más obreros para la mies. No hay los suficientes. Hay que recordar que el Maestro envió a setenta mensajeros para alcanzar las multitudes (Lucas 10: 1); sin embargo, no es posible cumplir la tarea sin ayuda, aunque pedirán a Dios por el envío de más obreros, quien siempre tiene trabajo suficiente para cada uno de ellos y así tomar parte en la cosecha. Se afirma que en el servicio cristiano no hay desempleo. Todos ocupados, empero, no se excuse para no testificar a familiares o amigos por no estar listos para creer en Él. Jesús aclara que alrededor nuestro hay siega permanente a la espera de la cosecha.
La invocación del Señor en cuanto la mies es abundante y los obreros escasos, habla del mucho trabajo por hacer y suficiente bien que llevar a cabo ante la ausencia de mano de obra, de manos para la cosecha. Es de bendición enorme observar a la gente ávida de escuchar hermosos mensajes de salvación por cuanto los valles están cubiertos de mies con la esperanza de contar con cosechadores, tarea que requiere trabajo sostenido y permanente que, de ser mucha y los obreros pocos, habrá grave pérdida del grano sembrado con daño en el campo lleno ante la ausencia de segadores.
Por tanto, tenemos que rogar y rogar al Señor de la mies que mande más y más obreros para cosecharla. Jesús dijo: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador” (Juan 15:1; 1 Corintios 3:9), con relación a la planta productora de uvas abundantes sin desatender lo que decía respecto a esta fruta. En el antiguo Testamento, las uvas simbolizaban la capacidad de Israel de llevar fruto en la obra de Dios en la Tierra (Salmo 80:8; Isaías 5:1-7; Ezequiel 19:10-14). En el alimento pascual, el fruto de la vid simbolizaba la bondad de Dios con su pueblo.
Cristo es la vid y Dios es el labrador, cuidador de los pámpanos destinado a alcanzar más fruto. Éstos son los seguidores de Cristo. Los pámpanos fructíferos son los auténticos creyentes que mediante su unión activa y dinámica con Cristo Jesús llevan abundante fruto, no obstante, a los pámpanos improductivos, aquellos que dan la espalda al Creador y Formador luego de “comprometerse”, se les marginará de la vid. Su destino final es cortarles de raíz y echarlos al fuego. El fuego eterno, el infierno.
Enseñanzas:
- La cosecha está lista, la mies es mucha y los obreros pocos, afirmó el Maestro. Pidió orar para que Dios enviara más obreros para la siega y, aún hay que continuar clamando, suplicando por esa remisión. Es por Él y para Él, para su honor y servicio que se la cosecha, sabedores que Dios mismo está al frente de esa labor planeada y diseñada para alcanzar mejores objetivos.
- Hemos sido llamados para ser obreros en este tiempo, y el obrero tiene derecho al salario (Mateo 10:10; 1 Corintios 9:14; 1 Timoteo 5:18). A los ministros del Señor debemos considerarlos colaboradores en la siega, conocedores de que el ministerio es un trabajo y debe atendérselo como tal, faena de recolección necesaria y urgente armonizándola perfecta y diligentemente, ocupación por demás agradable en virtud de cosecharla con gozo.
- El gozo de los predicadores, de quienes llevan al mundo las buenas nuevas de salvación, del Evangelio es comparable con el gozo de los cosechadores (Isaías 9:2-3), y el que siega recibe salario (Juan 4:36), jornal que no le será retenido de los que se ocupan en el campo (Santiago 5:4). Por ello, el trabajo de Dios es enviar obreros a la mies, el Espíritu Santo los capacita con sus dones (1 Corintios 12:4), Jesús provee estos hombres dotados como ministros a su Iglesia (Efesios 4:11); el Padre les proporciona la energía necesaria para la faena (1 Corintios 12:6).
- Dios nombra, Dios llama y Dios atribuye para este trabajo. Los amadores de Dios y de las almas debemos orar, clamar y pedir fervientemente que el Señor envíe más y más obreros para la mies ya que ésta ha desbordado todo cálculo humano, jornaleros fieles, diligentes, sabios, prudentes, laboriosos y dedicados. Cumplir con este encargo es muy importante.
- Si usted se considera uno de esos obreros, debe responder: Heme aquí, envíame a mí (Isaías 6:8). La respuesta a la rogativa de los fieles alcanzará el garantizado éxito, como Pablo quien era” un vaso escogido”, de quien Jesús expresó: “porque he aquí, él ora” (Hechos 9:11, 15).
- Si usted se considera un obrero que no recibe la paga anhelada, si no tiene lo necesario, si no vive en abundancia es por no hacer el trabajo de obreros, que aplicada a la vida terrenal no se circunscribe solamente a orar, a leer. Esa es la teoría y el conocimiento, pero acudir a los campos donde hay abundante mies, es poner en práctica lo aprendido del Señor en su Palabra, llenos del Santo Espíritu al permanecer en oración, al estar en el lugar secreto.
- Jesús es un Dios pagador, un buen pagador de sus obreros que no mira las imperfecciones, de proceder en esta forma, no habría llamado a los discípulos que permanecieron con Él, pues, mira el corazón, escudriña, examina, indaga, prueba pensamientos y da el pago de acuerdo con sus caminos, con sus obras.
- Hay pagos y pagos guardados en su Reino, pagos en espera de ser satisfechos por nuestras tareas, pero los trabajos pendientes y no ejecutados o los trabajos atrasados que se debían realizar y no se los ha hecho, están en la lista de espera, mas, buscamos el pago terrenal, el pago del mundo en desmedro del pago celestial que entregará a su pueblo oportunamente.
