La humanidad vive tiempos finales, tiempos terminales de lo que acontece en este mundo; por ello, el pueblo del Señor debe buscar y refugiarse en su santa presencia. Es imperativo buscar su presencia. No debe salir, no debe decidir, no debe iniciar nada, no debe resolver nada, no debe abrir su boca sin antes haber permanecido en su presencia. Son tiempos muy peligrosos los que vivimos y solo su presencia proveerá claridad, entendimiento, conocimiento para avanzar seguros, exitosos.
El pueblo del Señor debe ingresar en su presencia y permanecer allí, no solamente orar, no únicamente arribar al sitio y leer determinada porción de su Palabra sagrada, no salir del lugar secreto mientras no haya estado en su presencia hasta que nos inunde, hasta que nos bendiga, hasta que el corazón de cada uno de nosotros sienta haberse llenado de su presencia, hasta no haber recibido la llenura de su Santo Espíritu, caso contrario, no caminaremos como debemos.
Jacob dijo: “No te soltaré mientras no me bendigas, no te dejaré si no me bendices” (Génesis 32:26), quería asegurarse de estar bendecido, que Dios le haya bendecido. No debemos soltarnos de Él como el varón al sentirnos bendecidos, no debemos desistir de este empeño hasta que haya respondido a nuestras inquietudes, hasta saber convincentemente lo que tenemos que hacer en lo que nos ha mandado, debemos yacer en su presencia, no solo visitarla sino permanecer plenamente en ella hasta que aclare nuestros pensamientos, hasta que transforme nuestros corazones, hasta sentir realmente haber estado con Él. No que hayamos acudido a una sencilla visita o elevada oración alguna sino haber permanecido con el Señor celestial, y exclamar: ¡Jehová me ha bendecido hoy! Salgo con la bendición de Jehová y todo me irá bien, todo lo que toque mi mano prosperará, porque esa convicción vendrá por permanecer en su divina presencia; de lo contrario, saldremos a buscar migajas, a buscar las sobras.
Presencia, del hebreo sekiná, el resplandor, la gloria o la presencia de Dios que moraba en medio de su pueblo utilizada por los targumistas (de tárgum, interpretación en arameo de la Biblia hebrea producida o compilada por judíos desde finales del Segundo Templo hasta inicios de la edad media) y rabinos para significar a Dios mismo, y no agradar al judaísmo ortodoxo al atribuir forma o emoción a la deidad. Es, el equivalente judaico más aproximado del Espíritu Santo.
La gloria de Dios es otro nombre para la sekiná. Al igual que en el Antiguo Testamento, en el Nuevo Testamento se puede proclamar la gloria de Dios (Lucas 2:9; Hechos 7:55; 2 Corintios 3:18), también atribuírsela (Lucas 2:14; Romanos 11:36; Filipenses 4.20; Apocalipsis 7:12, etc.), cuya presencia especialmente está en el templo celestial (Apocalipsis 15:8) y en la ciudad celestial (Apocalipsis 21:23). En el segundo Testamento se asigna libremente a Cristo una gloria comparable como ser divino, tanto antes como después de la línea divisoria de la pascua.
Adán y Eva en el Edén mantenían comunión intima en la presencia de Dios antes de la caída (Génesis 3:8), a partir de allí, el pecado nos ha abrumado restándonos capacidad para estar en su presencia (Éxodo 33:20). Por gracia del Señor, su presencia habita en cada uno de nosotros por ser hijos suyos (Juan 14:23; 15:4) y viene por medio de la fe en Cristo Jesús.
El rey David expuso en el Salmo 139:7-8: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, eh aquí, allí tú estás”. Por iluminación del Santo Espíritu sabía que no podía escapar de la presencia de su Dios y Señor hacia cualquier lugar que lo intentare. En el Salmo 16:11, Mictam del mismo autor (término hebreo referido a un himno o poema posiblemente grabado en piedra), dice: “Me mostrarás la senda de la vida; En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”. 95:2: “Lleguemos ante su presencia con alabanza; Aclamémosle con cánticos”.
Oración del rey: “De tu presencia proceda mi vindicación; Vean tus ojos la rectitud” (17:2). Eclesiastés 8:3.” No te apresures a irte de su presencia, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quiere”. No seamos muy rápidos al intentar abandonar la presencia del Señor en que nos hallemos. Detengámonos y disfrutemos de ella hasta saciarnos. Jonás al huir de la presencia del Señor: “Y aquellos hombres temieron sobremanera, y le dijeron: “¿Por qué has hecho esto? Porque ellos sabían que huía de la presencia de Jehová, pues él se lo había declarado” (1:10), en su intento vano de escapar del Dios de los cielos. Nahúm de Elcos, cuyo nombre significa “consolación”, puntualizó: “Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan” (1:5). Los símbolos grandes de fuerza y estabilidad, todos tiemblan en la presencia de Dios.
Nadie debe jactarse de su presencia (1 Corintios 1:29); “arrepentirse y convertirse para que nuestros pecados sean borrados, para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hechos 3:19).
Enseñanzas:
- “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto “. (Génesis 3:8). Los pecadores, por sus pecados, siempre se han escondido de la presencia de Dios, y hoy prosiguen en igual senda, aunque Apocalipsis 6:16, anota: “Escondednos del rostro de aquel que está sentado en el trono”. El jardín en el que habitaban Adán y Eva fue un lugar de gozo y de reunión con Dios, devenido en sitio para esconderse de Él, de su presencia por el temor que los envolvía. El pecado convierte lo placentero, la comunión con Dios en miedo.
- “Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía” (Génesis 28:16). Asoció a Dios con el lugar donde había tenido el sueño, con su presencia. Perpetuó su recuerdo con la piedra puesta en su cabecera y la consagró con aceite. Llamó aquel lugar Bet-el (casa de Dios, casa de Él). En principio se llamaba Luz.
- El relato de Génesis 32:26, es uno de los más misteriosos de las Sagradas Escrituras. El varón del versículo 25, es identificado por Oseas como un ángel (12:4). La importancia de esta cita revela la disposición de Jacob de enfrentarse a Dios en instantes de máxima necesidad. Sabe que el Señor ha querido bendecirlo (v. 12) y no se conforma con nada menos que con su herencia total (v. 26). Su tenacidad y persistencia le llevan a prevalecer nuevamente (v. 29), demostrada anteriormente en 29:13, al mirar a Labán como “contraparte” de Jacob por veinte años en la disciplina impuesta por Jehová Dios (31:41). Es, por intermedio de Labán que Jacob es víctima de su propio ardid.
- “Y aconteció que al día siguiente dijo Moisés al pueblo: Vosotros habéis cometido un gran pecado, pero yo subiré ahora a Jehová; quizá le aplacaré de aquel pecado” (Éxodo 32:30). El líder del pueblo hebreo acudía a permanecer en la presencia de Dios, a implorar por su perdón por el gran pecado cometido al haber hecho un becerro de fundición para adorarlo en lugar del Señor, corromperse, apartarse del camino que les mandó, pueblo de cerviz dura. No cabía sacrificio alguno, no era suficiente, ni de Moisés, tampoco del pueblo para perdonarle.
- “Entonces una nube cubrió el tabernáculo de reunión, y la gloria de Jehová llenó el Tabernáculo” (Éxodo 40:34). Sin la gloria de Dios y sin su presencia la obra no habría terminado. El mensaje de este libro es que Jehová siempre está presente en medio de su pueblo. Con el ingreso de la gloria de Dios a la Tienda de reunión culminan todos los eventos iniciados con el nacimiento de Moisés y su rescate del Nilo como anticipo al éxtasis final que concluye con la liberación de Israel de la esclavitud egipcia. A partir de allí, los israelitas marcharon por el desierto acompañados siempre de la presencia del Señor que acampa alrededor y los encausa a la tierra prometida en cumplimiento de sus promesas.
- “Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de Jehová” (Levítico 10:2). Entonces salió fuego de la presencia de Dios, fuego que no tenía por qué ofrecerse sin determinar cuál era el pecado; sin embargo, el texto precisa haberse violado reglas respecto a este tipo de ofrenda mencionadas en 16:12; Éxodo 30:7-9, 34-38. Este conglomerado debió advertir que existía para Dios, no en sentido contrario.
- “Y no podían los sacerdotes estar allí para para ministrar, por causa de la nube; porque la gloria de Jehová había llenado la casa de Dios” (2 Crónicas 5:14). La nube de gloria representaba la presencia de Dios (Leer 7:1-3), y había guiado a Israel al salir de Egipto por el desierto, presente en el Tabernáculo (Éxodo 13:21-22; 40:34.38; cf. Ezequiel 43:1-5; Hageo 2:9; Zacarías 1:16; 2;10; 8:3)
- El gozo es la respuesta al permanecer en la presencia de Dios para quienes caminan en amor, en obediencia y en fe. “El gozo de Jehová es nuestra fortaleza” (Nehemías 8:10); Santiago 1: 2, dice: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas”. “En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre” (Salmo 16:11).
- Necesitamos irrefragablemente ir llenos de la presencia de Dios para encontrar las almas perdidas y Él las rescate, las toque y las transforme. Empero, si en ese caminar las vidas de nuestro encuentro no son cambiadas, significa no haber tenido encuentro alguno con el Señor, tampoco haber permanecido en su presencia, porque aquel que sale de esa presencia, ese hombre, esa mujer va lleno de la unción.
- Debemos aprender a habitar en la presencia de Dios, vivir la plenitud de su palabra, caminar de modo sobrenatural, si lo hacemos naturalmente significa tan solo haberla visitado mas no permanecido en ella. En aquel escenario, hay palabra en nuestras bocas, unción en nuestras manos, revelación, ojos espirituales abiertos para ver lo invisible, lo que no se ve, para poder escucharle y nos hable de la vida de los demás a fin de orar, rogar, pedir, agradecer. Mantengámonos siempre en su presencia, habitemos en ella, contemplemos, tomemos y disfrutemos de sus bendiciones.
