¿Dónde están los talentos?

Si el Señor le preguntara a usted o a mí, ¿Dónde están los talentos que les di? ¿Cuál sería la respuesta? Los escondí, no recuerdo en que sitio los puse, haré memoria, Señor. Y ensayaríamos múltiples respuestas. 

Jesús, el Dios celestial en Mateo 25: 14-30, enseña todo lo concerniente a los talentos. 

1. El reino de los cielos es como un hombre que, alejándose, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A cada uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, acorde a sus capacidades.

2. El que recibió cinco talentos negoció con ellos y ganó otros cinco más. El de dos, ganó también otros dos. Pero el de un talento cavó en la tierra y escondió el dinero de su señor. 

3. Pasado mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos. Dijo: Señor, cinco talentos me entregaste, y aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

4.  Llegó también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. (repitió el texto del versículo 21, parte final del número precedente). 

5. Finalmente, acudió quien había recibido un talento. Dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo. La respuesta de su señor: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y recojo donde no esparcí. Debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. 

6. La sentencia firme: quitadle, pues, el talento y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.

El talento (del griego tálanton, neutro de un derecho, tláo, llevar, soportar cierto peso, moneda o suma de dinero) es la habilidad -destreza- innata propia que permite crear algo que se desarrolla con la práctica y el entrenamiento encaminados a ejercer una muy buena mayordomía. Decimos: este hombre o mujer tiene talento para la música, el deporte, la ciencia, el arte y más. Puede heredarse o adquirir mediante el aprendizaje; acarrea responsabilidad, compromiso a cumplir con excelencia, eficiencia y decoro; caso contrario, nos será retirado. Los talentos pueden ser naturales, entendidos como habilidades o capacidades -naturales- que poseemos; potenciales, sujetos a la capacidad de trabajo y desarrollo; de óptimo rendimiento que corresponden a las personas ubicadas por sobre la media. No son habituales.

Estos talentos hay que desarrollarlos permanentemente ejercitándoles diariamente.

Enseñanzas:

  • Es una parábola de servicio, cuyo amo es Cristo, el Señor, los siervos, los llamados a servirle. Días antes, Jesús enseñó en Lucas 19:11 y siguientes, la parábola de las diez minas (parábola de interés, espera o atención). En aquélla ilustra la enseñanza en cuanto dones desiguales usados con la misma fidelidad, alcanzan similares recompensas; en tanto la segunda -diez minas- instruye que dones iguales empleados de modo desigual, reciben recompensas disparejas.
  • El uso de la palabra bienes no alude a propiedades sino a capacidades, a cualidades naturales y gracias espirituales al servicio en la obra de Dios. Es imperioso distinguir los dones de los talentos. El primero es el regalo extraordinario que Dios nos entrega por su gracia para gestionar tareas (Efesios 4:8); el talento (s), capacidades intelectuales, especiales de corte terrenal; también aptitudes para aprender y poder desarrollarlos.
  • El hombre, Jesús, al marcharse procuró que su iglesia quedase muy bien equipada y atendida para impulsar la gran comisión. Confió a sus discípulos los bienes a gestionar una excelentes administración o mayordomía.
  • Dos de los siervos negociaron bien sus talentos, fueron muy diligentes y fieles. Alcanzaron éxito, pues, doblaron los bienes o talentos; esto es, el siervo fiel y diligente multiplica las grandes bendiciones del Bienhechor. El de un talento cumplió mal la encomienda. Podía negociar con mayor facilidad que los anteriores.  El adagio latino, dice: máximus in mínimis, “ser muy grande en las cosas pequeñas”.
  • Ajustar cuentas. Todos rendiremos cuentas del bien y del mal tanto para con nosotros cuanto para los demás. En ese día será la fidelidad lo que resalte, mas no nuestro supuesto éxito. La alabanza y reconocimiento de parte del señor es muy grande: siervo bueno y fiel, sobre proco has sido fiel, sobre mucho te pondré. Entra en el gozo de tu señor.
  • Hay que tener conciencia de los talentos recibidos, saber en que sitio los sembramos para luego recogerlos multiplicados para honra y gozo del Señor.