El Señor no se queda en los modales, mira el corazón

¿Imagina usted, amado lector (a) al Señor Jesucristo retenido en su misión terrenal si hubiera mirado tan solo los modales de sus discípulos como en Pedro? Esto es, precisamente, lo que hacemos algunos de nosotros. Observamos, contemplamos, miramos los modales de “los otros”, y juzgamos, murmuramos, analizamos a esa o esas personas. Formamos criterio, nos estancamos allí y no avanzamos. Acusamos de falta de educación, de “cultura”, de malas maneras de proceder, de obrar. Le minimizamos y miramos por sobre el hombro nuestro. Es inferior, decimos.

El apóstol de Jesús, Simón Pedro, según el Texto Sagrado-Biblia- no había sido instruido en la ley -hombre sin letras y del vulgo- (Hechos 4:13); no cabe duda, sin embargo, de que sabía leer y escribir. Probablemente recibió el influjo del movimiento de Juan el Bautista (compare Hechos 1:22); su hermano Andrés fue discípulo de Juan (Juan 1:39 s); conservó la piedad y las perspectivas de su gente (confróntese Hechos 10:14).

De Simón Pedro se ha dicho que era impulsivo, colérico-sanguíneo; no obstante, fue uno de los primeros discípulos en ser llamado por el Maestro, aparece en primer lugar en las listas de discípulos. Junto con Juan y Santiago el Mayor (Marcos 5:37; 9:2; 14:33) formó el círculo íntimo alrededor de Jesús. Frecuentemente se describe su impetuosa devoción (Ver Mateo 14:28; Marcos 14:29; Lucas 5:8; Juan 21:7), y era quien hablaba en nombre de los Doce (Mateo 15:15; 18:21; Marcos 1:36 s; 8:29; 9:5; 10:28;11:21; 14:29 ss; Lucas 5:5; 12:41). En la crisis acaecida cerca de Cesarea de Filipos representó a todo el grupo, pues la pregunta estaba dirigida a todos (Marcos 8:27-29), y ellos incluidos en la mirada que acompaña a la reprimenda (8:33).

Aparte de lo expuesto, Pedro tuvo puntos altos respecto a su lealtad al Maestro, también su negación es la más explícita (Marcos 14:66 ss); empero, se lo destaca en el mensaje de la resurrección (Marcos 16:7), y recibe la visita personal del Resucitado (Lucas 24:34; 1 Corintios 15:5). Antes de Pentecostés asume la dirección de la comunidad (Hechos 1:15 ss); luego, es el principal predicador (2: 14 ss), el que habla en nombre de los demás ante las autoridades judías (4:8 ss), quien asume la decisión para imponer disciplina (5:3 ss). A él también se le atribuyeron poderes sobrenaturales (5:15); se le asocia con la misión a los gentiles (10:1 ss. Compárese 15:7 ss), compartiendo mesa con ellos, llevó a enfrentamiento severo con los judeocristianos, y opta por retirarse. A pesar de este error, la misión gentil no tuvo amigo más leal que Pedro.

Ante este panorama, acaso ninguno de nosotros hubiéramos escogido a Pedro para ser parte de una empresa, sociedad mercantil, directiva. El Señor Jesús, dejó de lado “los modales” y miró -y mira- el corazón, un corazón que anhelaba y anhela aprender del Maestro.

¿Procederá usted como el Señor? O ¿adoptará una decisión muy humana, y desdeñarlo porque no tiene instrucción, modales, entendidos éstos como suma de expresiones, movimientos, actitudes, comportamientos o gestos que cierta persona emplea públicamente o con otras personas acorde a normas, reglas, principios sociales admitidas como “buenos modales” o buen trato. Reglas de cortesía, comportamiento y respeto en la sociedad. 

 Enseñanzas:

  • El profeta Samuel ante el mandato de Dios (1 Samuel 16:1) de “…llena (r) tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey”. Acató lo dicho por Jehová “Y santificando él a Isaí y a sus hijos, los llamó al sacrificio y, cuando ellos vinieron, vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”. En primer momento se equivocó el profeta al no mirar cómo solo Él mira. La corrección del Señor queda descrita: mirar el corazón con los ojos del Amado, ojos espirituales.
  • Son estériles, por ende, quedarnos estancados en contemplar los modales como en el caso de Pedro. Diríamos: con esa relación de datos personales nadie habría escogido a nuestro “personaje”, Pedro.
  • No todos tenemos igual formación académica, profesional, técnica, artesanal u otra modalidad laboral, no reaccionamos de igual manera, pero el Señor Jesús no se queda en esas “consideraciones”. Él solamente mira el corazón de las personas.
  • Otro caso bíblico: Booz tampoco miró en Rut su ancestro moabita, viuda, pobre. La amó, se casó, procreó con ella a Obed, de quien descendería el Mesías-Redentor. Abuelo del rey David. (Rut 4:20-22). No se detuvo en observar los modales de Rut, sus antecedentes, religión, ya que los moabitas estaban emparentados con los amonitas. Moab fue hijo de Lot, producto del incesto con su hija mayor luego de la destrucción de Sodoma. El término Moab significaba “De su padre”.   
  • En el Antiguo Testamento, Booz representa una de las figuras dramáticas que anticipan la obra redentora del Señor Jesucristo: restaurar la condición personal de Rut. Sus acciones la hacen partícipe de la bendición de Israel y la introduce en la genealogía del Mesías. (Efesios 2:19). Advertimos una semblanza preciosa del Maestro que prefigura su gracia redentora con siglos de anticipación. Nuestro Redentor.
  • El amor auténtico, verdadero, permite ver más allá, permite ver el corazón en todas las personas, sin excepción alguna. El amor hacia los semejantes, hacia el prójimo, hacia los demás nos conducirá inequívocamente a mirar sus corazones.
  • Necesitamos como algo vital e imprescindible mirar el corazón de los consiervos, no solamente detenernos en escuchar lo que dicen o hacen, o lo externo, sino el corazón mismo, a la manera del Señor Jesús. Su pueblo debe aprender a mirar el corazón, no los modales o apariencias externas.