En esta enseñanza nos basaremos en la cita de Jeremías 25:8-14: “Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído mis palabras, he aquí enviaré y tomaré todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y los pondré por escarnio y por burla y en desolación perpetua. Y haré que desaparezca de entre ellos la voz de gozo y la voz de alegría, la voz de desposado y la voz de desposada, ruido de molino y luz de lámpara. Toda esta tierra será puesta en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años”.
A partir de los días de Jacob y aun después de comenzar la monarquía, la tribu de Israel vivió bajo este sistema de gobierno. Como nación la conformaban las doce (o trece) tribus, cada una descendiente de los hijos de Jacob, unidad que les permitió formar una gran nación, esencialmente bajo la conducción de Moisés, Josué, los jueces, y los reyes Saúl, David y Salomón, muerto éste, el país se dividió en dos reinos: el del norte, Israel, formado por diez tribus y el del sur, Judá, constituido por las tribus de Judá y de Benjamín (1 Reyes 12:1-33), mismas que, según Esdras y Nehemías, su reconocimiento como tales existió hasta el cautiverio en Babilonia, origen que parte del nacimiento de los doce hijos de Jacob (Génesis 29:31; 30:23; 35: 16-21). El número trece obedece a que Jacob adoptó a los hijos de José -Manasés y Efraín- como hijos suyos (Génesis 48:5).
El país de Judá entró en ruina a manos del ejército babilónico decretada en el v. 9. Dios les había enviado a sus siervos los profetas sin hacerles caso, luego mandaría a su siervo Nabucodonosor contra quienes no desearon recibir a los mensajeros de su misericordia, rey extraño a Dios e instrumento en su mano para corregir al pueblo escogido por el Señor. (Hay que recordar que, a Ciro, le llamó “mi pastor” en Isaías 44:28). Se avecinaba la completa destrucción de este país al igual que el de las naciones circundantes, desolación que arruinaría el prestigio que los judíos habían alcanzado entre sus vecinos (ver 18:16) y así terminar con la cotidianidad del gozo, paz y prosperidad (7:34) del versículo 10, cuyas imágenes repite Apocalipsis 18:22-23, con relación a la caída de Babilonia. Todo ello acabará en Judá y, lo más severo aún, serán privados de su libertad (v. 11). Servirán estas naciones al rey de Babilonia setenta años, plazo útil no solo para confirmar la profecía, también para consolar al pueblo de Dios en su cautiverio y animarlos a su fe y a su oración.
La ruina de la propia Babilonia es predicha en los versículos 12 al 14, como lo había expresado Isaías muchos años antes. Los destruidores serían destruidos, y tendrá lugar cumplidos los setenta años (contados a partir de la primera deportación en el año 604 a. de C.), en el cuarto año de Joacim (“Jehová levanta”, décimo octavo rey de Judá, llamado Eliaquim) hasta el regreso de los primeros exiliados de Babilonia (536 a.C.). En el tiempo de favorecer a Sion, Dios visitará al rey babilónico y le pedirá cuentas de su tiranía, “nación que será castigada por su maldad” (v. 12) y convertida en desiertos para siempre, como ella había hecho con otras naciones, destrucción a cargo de los medos y los persas. Jeremías profetizó ya la destrucción de otras naciones a manos de los caldeos, también profetizó la destrucción de los caldeos a manos de otras naciones (v. 14), con el agregado: “Y yo les pagaré conforme a sus hechos y conforme a la obra de sus manos”.
Enseñanzas:
- Si atendiésemos las enseñanzas del Dios de toda gracia, nos mantendríamos alertas, vigilantes, velando y orando como enseñó Jesús, porque, en verdad, nos advierte que vienen los enemigos del norte, aplicable totalmente a esta época. No fue solo para el tiempo de Jeremías y cesó. No, es para hoy, para hoy, “por cuanto no habéis oído mis palabras” (v. 8).
- “Dios tomará y enviará a todas las tribus del norte” (v. 9). Babilonia fue una de las grandes ciudades de la antigüedad. Actualmente ocuparía el territorio de Irak, a 90 kilómetros del sur de la actual Bagdad, nombre que significa “la puerta de los dioses”, considerada una de las siete maravillas del mundo antiguo, con dioses importantes como Marduk, Ishtar diosa del amor y la guerra, también con la Torre de Babel. Religión politeísta, con dioses mayores y menores. Son más de 2.500 los nombres de estos.
- Antiquísima ciudad a orillas del Éufrates cuyo nombre hebreo es “Babel”, referida en Génesis 11:1-9. Existió en el tercer milenio a. C., año 608, tras la desaparición del poder de los asirios, se constituyó en la capital del reino caldeos, época más gloriosa de su historia; empero, en el año 539 a. C., Ciro dirigió a los persas en la conquista del reino caldeo. Babilonia se rindió. Alejandro conquistó el imperio persa, Babilonia cayó en sus manos.
- Al aparecer los primeros registros históricos, Babilonia se encontraba dividida en una serie de ciudades, cada cual, con su rey, choques frecuentes entre sí por la disputa de su hegemonía, situación que desapareció al unificarse por Sargón de Agade toda la Mesopotamia del Sur, poder que no duró mucho, pues los pueblos de las montañas invadieron la llanura y la destruyeron, aunque Ur estableció su poderío sobre toda la región que la perdieron por la invasión de los elamitas. Tres dinastías simultáneamente emergieron en Isín, Larsa y Babilonia hasta que Hammurabi, su rey (que redactó el primer código legislativo de la historia. 1729-1750 a. C.), impuso su poderío y organizó la región en un vasto imperio, sucesores que no pudieron retenerlo, y Babilonia fue tomada por los heteos. Advinieron segunda y terceras dinastías. En la cuarta, bajo Nabucodonosor I, la nación se recompuso de su decadencia.
- Todo este proceso se interrumpió en el siglo VIII a. C., al establecer Asiria su poderío sobre toda Mesopotamia, imperio que duró poco más de un siglo. Su capital Nínive, fue capturada por los medos en el año 606 a. C., coyuntura que aprovechó Babilonia para independizarse bajo la dinastía procedente del Sur de la región, de Caldea. El más importante de los reyes caldeos fue, sin duda, Nabucodonosor II; el último, Nabónido, cuyo hijo Belsasar gobernaba representativamente al ser tomada por Darío con cuya caída termina la historia independiente de Babilonia que formó parte del imperio de los medos y persas, unida a su imperio.
- Las tribus del norte (Rubén, Isacar, Zabulón, Dan, Neptalí, Gad, Aser, Efraín y Manasés, algunos miembros de la tribu de Leví) cayeron ante el vigoroso ataque del enemigo asirio, pueblo llevado cautivo a tierra extraña. Tribus perdidas que, sin embargo, el Dios celestial puede enviar contra nuestras tierras y contra sus moradores, contra las naciones circundantes, las destruirá y las pondrá por escarnio y por burla, y en desolación perpetua. Estas advertencias debemos considerarlas y orar, clamar y suplicar que este escenario no sea posible. Impedir, a todo trance que aquellos enemigos del norte vengan.
